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sábado, 28 de junio de 2014

SI SOMOS DIFERENTES



           Hace unas semanas, en un artículo en el que comentaba el resultado de las elecciones europeas, decía que España sigue siendo diferente, como rezaba el eslogan turístico de los años 60 “Spain is defferent”.

          Algún lector, molesto por la referencia, me argumentaba que eso era cosa del pasado, que hoy España es un país con un sistema político democrático homologable con cualquiera de nuestras vecinas democracias europeas.

          Es cierto, la democracia española, tras más de treinta y cinco años de ejercicio, se ha consolidado como una monarquía parlamentaria aprobada en referéndum por una gran mayoría de españoles, , por el momento, porque ya he oído a un dirigente de Izquierda Unida anunciar que, si la izquierda ganara las elecciones municipales de 2015, ocurriría como en 1931 y España volvería  a ser republicana.

          El artículo no iba por ese camino (quería hablar de lo que nos hace diferentes), , pero antes de volver a mi argumento diferenciador, si quiero dejar claro que en 2015 lo que se va a elegir son los gobiernos locales, no un cambio de régimen y que las elecciones de 1931 las ganaron los monárquicos aunque no supieron defender su victoria, empezando por el propio Rey Alfonso XIII.

          Volvamos al “Spain is different”: Pretendía explicar que, mientras en Europa, en general, las elecciones las ha ganado la derecha (aquí también, que conste), la extrema derecha ha irrumpido con mucha fuerza en democracias como Francia, Noruega o Austria, mientras que en nuestro país quienes han obtenido resultados significativamente mejores, aunque minoritarios, han sido los partidos de extrema izquierda, entre los que Podemos, que justifica incluso algunas acciones violentas, ha sido el verdadero triunfador de las elecciones, no por haberlas ganado, que no lo ha hecho, sino por haber surgido de la nada con una fuerza inesperada incluso por ellos mismos.

          Consecuencia directa de este resultado ha sido un desplazamiento de los partidos tradicionales de izquierdas, PSOE e IU, hacia el extremo, en un intento desesperado y erróneo por recuperar los votos perdidos. Y digo erróneo porque no son los votos de Podemos, al menos no muchos, los que PSOE ha perdido, sino los del centro izquierda, como los que ha perdido el PP están situados en el centro derecha, que mayoritariamente han ido al desencanto y la abstención.

          Así, PSOE e IU han radicalizado sus posturas y muchos de sus dirigentes cambian su discurso de consenso y tolerante con la monarquía a pedir un referéndum o un cambio de constitución que restaure la república.

          Otro síntoma de la radicalización son las continuas alusiones a la revisión del Concordato con la Santa Sede, el continuo hostigamiento hacia los católicos y la jerarquía de la Iglesia Católica, ignorando, o pretendiendo ignorar que, todavía, un 72 por ciento de los españoles  confesamos profesar la religión Católica, o la inmensa labor asistencial que realiza a través de sus obras, entre las que destaca Caritas y cuyo coste económico supone un considerable ahorro para el Estado.

          Por cierto que no es el hecho religioso lo que les incomoda, es exclusivamente la Iglesia Católica la que les molesta y no, por ejemplo, la creciente presencia de musulmanes en nuestra sociedad. Con esos no se atreven porque saben cómo se las gastan con quienes se declaran sus enemigos o simplemente se permiten cuestionarlos.

        Analizando las razones del crecimiento de la extrema derecha en Europa, parece que su éxito lo han basado en un nacionalismo excluyente y el euroescepticismo que provoca la llegada masiva de emigrantes africanos y asiáticos que ya se cuentan por millones en los países con más alto nivel de desarrollo.

          Por el contrario, en nuestro país, el nacionalismo excluyente se ha hecho fuerte en las comunidades vasca y catalana y su “enemigo” no son, por ahora, los cientos de miles de emigrantes africanos, a los que Cataluña ha incorporado a los movimientos secesionistas con la idea de hacer número.

          En España, la extrema izquierda, que apoya a los partidos separatistas regionales, se ha hecho con un electorado compuesto por radicales antisistema, movimientos de indignados, víctimas de la crisis económica, secesionistas y parados de buena voluntad a los que les han prometido soluciones utópicas para su situación. 

3 comentarios:

  1. Tienes toda la razón, si somos diferentes porque no es normal las propuestas de una izquierda totalmente radicalizada y obsesionada en ir contra la Iglesia Católica, se han preocupado tanto de "llevárselo calentito" como suele decirse, que se les ha olvidado los tantos por ciento y un 72 % es una mayoría!, aunque sea silenciosa, muy respetable para tener en cuenta. Si pro ej Cåritas se cerrara un solo.mes se enterarian de cuanto hace, seguramente con algún familiar de los que tanto la atacan

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  2. Cierto. Somos diferentes en muchas cosas pero hay una preocupante a mi entender: No aprendemos de la historia. Y nuestros políticos parece que tampoco saben analizar las cosas correctamente. Como ha habido un aumento de la izquierda, ahora el PSOE cree que debe radicalizarse mas porque eso da votos. Craso error. En lugar de eso ¿por qué no se ponen de acuerdo los políticos en una serie de cosas básicas, como política exterior, defensa, nacionalismo, educación, etc., para formar frente común? Y respecto a la inmigración, cuando quieran darse cuenta de ciertos peligros ya será muy tarde. Tenemos muchos complejos, la mayoría derivados de la guerra civil. No somos capaces de remontarla porque hay muchos que se empeñan en revivirla constantemente. Si Alemania hubiera tenido estos mismos complejos no estaria hoy donde está.
    Saludos. M.

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  3. Buenos días, Jaime,

    Cerro que el fenómeno al que aludes podría ser motivo de un interesante debate. Porque ¿qué es Podemos? Calificar este movimiento -más que partido- de extrema izquierda es de adiado obvio. ¿Cómo se compadece el fenómeno bolivariano, tan nacionalista, con el internacionalismo proletario?

    Después de todo, Hitler edificó la cosa nazi sobre los restos del Partido Obrero de Lietchbett y Rosa Luxemburgo, disuelto a cañonazos en la calle por el Ejército, en connivencia con el SPD. Luego, se le unirían entusiasmados los nacionalistas alemanes humillados por la derrota -que odiaban por igual el liberalismo inglés y el bolchevismo ruso- los parados sin esperanza, los industriales descapitalizados por las reparaciones de guerra, los militares militaristas, valga la redundancia...todos contra la democracia liberal. Los extremos se tocan.

    Personalmente, pienso que Pablito no sabe lo que es, ni le importa. Sabe lo que odia, en el fondo lo mismo que Marine Le Pen, que ha augurado para Francia un futuro nacionalista...y socialista. ¿Nos suena? Lo que pasa es que aquí, en España, el nacionalismo español tiene muy mala prensa, en particular en sectores separatistas que tienen que añadir combustible a la hoguera donde se consumirá nuestra democracia...liberal. No hay otra, por supuesto, pero todos los anti sistemas fabrican una: corporativista, orgánica, islámica, directa...lo que importa de Podemos es el efecto llamada que tiene en segmentos desesperanzados de la sociedad. Conozco a muchos, nada de izquierdas, que lo invocan.

    En cuanto a la idea de república, en España tenemos una errónea percepción. Para la mayoría, es tan sólo una forma de gobierno, ante la que cabe el accidentalismo; postura tradicional de sectores de la derecha católica, muy influyentes en 1931. Pero la república es otra cosa, en España ideológicamente prevalente: es el republicanismo clásico, roussoniano y jacobino, opuesto a la concepción liberal. Pero muy compatible con los antisistema. Esa película la hemos visto dos veces, la original en el Sexenio y el remake en 1934-39.

    Interesante momento. Pero a mí, no me importaría fuese más aburrido.

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