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sábado, 8 de marzo de 2014

MENOS MAL...



                  He pasado unas escasas horas en Madrid, casi el tiempo justo para hablar a un grupo de universitarios de San Pablo - CEU de "Los Servicios de Inteligencia: historia y mitos". Charla seguida de unos minutos  de preguntas que, para mi, es la parte más interesante de la reunión.
                 El tema es desconocido y atractivo, precisamente por la falta de conocimiento que existe en la sociedad española sobre esta cuestión y lo fácil que es, influidos por la literatura y las películas, formarse una idea fuera de la realidad sobre estas cuestiones.
                No entro, como es fácilmente comprensible, en cuestiones operativas o reservadas, y mucho menos desvelo nombres o situaciones que conozco en función de mi trabajo de 25 años en el CESID, pero aun con estas reservas, mis intervenciones despiertan una curiosidad e interés poco habitual. Lo constato con el gran número de preguntas que suscita mi intervención.
               Desde su reciente creación, la Asociación de Antiguos Agentes del Servicio de Inteligencia Español  tiene. entre sus objetivos, divulgar la "cultura de la inteligencia" que dicho así no dice nada, pero que trata de llevar al conjunto de la sociedad española, comenzando por las universidades, colegios profesionales y otros colectivos, y siguiendo por los medios de comunicación social, un conocimiento de lo que son los Servicios de Inteligencia, su trabajo en defensa de la sociedad y la necesidad de su existencia.
              Resulta muy reconfortante, tras una de mis charlas recibir, por parte de los asistentes más jóvenes, preguntas relacionadas con la posibilidad de trabajar para el CNI. Señal inequívoca de que el tema les ha despertado interés y una inquietud por ser, de alguna forma, colaboradores en la defensa de los intereses colectivos y de las vidas de sus compatriotas amenazadas, entre otras, por el terrorismo.
              Ya de regreso en Cádiz, he asistido a una interesantísima y documentada conferencia de mi compañero de armas, el Capitán de Navío, Luis Mollá (www.el-sextante-del-comandante ) sobre el olvidado héroe español, Almirante Blas de Lezo, quien con un brazo, una pierna y un ojo de menos, ("medio hombre" le llamaban)  perdidos en sucesivas batallas navales, proporcionó soberana derrota al Almirante inglés Wernon, muy superior en barcos y hombres, en Cartagena de Indias en 1741. 
              Al terminar la conferencia del CN Mollá, en un acto social de confraternización con la Armada norteamericana estacionada en la Base Aeronaval de Rota, he conocido al Jefe de Operaciones Aéreas norteamericano, el Coronel Carlos, cuyos dos apellidos, que no desvelaré, no pueden ser más hispanos. Su dominio de nuestro idioma y su admiración por nuestro país es destacable.
                Digo "Menos mal..." porque dentro de un generalizado pesimismo sobre la escasa valoración que la sociedad española actual, y especialmente su juventud, tiene respecto a valores como el sacrificio, la entrega, el trabajo solidario y el respeto por los demás, entre otros valores positivos, se encuentran, todavía, en determinados círculos como la Universidad San Pablo - CEU y nuestras Fuerzas Armadas, según he podido constatar en estos días, jóvenes entusiastas, trabajadores y con las ideas muy claras. ¿Qué son minoría? Es posible, pero al menos son una esperanza de mejora de nuestra sociedad.
             
  

6 comentarios:

  1. Los que estudiamos Historia en los años 40 en el "páramo cultural", en los libros d Ballstros o Pérez Bustamante sabíamnos desd aquellas fechas quien era Blas de Lezo. Y hasta el ilustre marino me prestó hace años su nombr como pseudónimo
    "Blas de Lezo"

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    1. Eran, afortunadamente para nosotros, otros tiempos mucho mejores para la enseñanza de nuestra historia. La Armada, casi siempre, en las últimas décadas, ha tenido un barco, generalmente una fragata, con el nombre de Blas de Lezo.

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  2. Soy hijo, nieto y biznieto de oficiales de la Armada; pero al hilo del afortunado hallazgo de algunos jóvenes entusiastas y con las ideas claras, que saben valorar la labor de los Servicios de Inteligencia y los principios citados en el artículo; para alguien no marino como yo, me resulta chocante constatar lo aparentemente poco conscientes que parecen ser -en general- los miembros de las Fuerzas Armadas, del sacrificio y las muchas renuncias que implica el ser miembro de ellas. Sí, ya sé que es cuestión de vocación y que el desprendimiento también forma parte de esa renuncia de la que hablamos, pero por encima de eso, creo que muchos de ellos no son del todo conscientes de otras muchas renuncias, o si lo son (más renuncia aún) las han asumido como parte normal de su vocación (más desprendimiento aún).

    La mayoría de mis amigos de juventud han sido oficiales de la Armada y cuando estudiábamos juntos me admiraba su tremenda tenacidad y espíritu de sacrificio para dedicar los mejores años de su vida (y después toda su vida) al estudio de una carrera, que, comparada con las compensaciones de todo tipo que dan las carreras civiles, se queda muy por debajo de ellas. Incluso en la actualidad, todos ya con los sesenta recién estrenados, entristece ver a personas tan inteligentes y bien capacitadas, aparcadas desde hace cinco años en la Reserva, o en destinos (con todos mis respetos) poco menos que decorativos, cuando en la empresa privada habrían permanecido durante diez o incluso más años en la cresta de la ola de su profesión. ¡Que terrible despilfarro! Y, encima, la mayoría de ellos con expedientes realmente brillantes y con la frustración de no poder llegar a Almirante: lo más alto de su carrera.

    Sí, ya sé que en la empresa privada tampoco todos llegan a Director General, pero sí se permanece activo en cargos de alta responsabilidad durante mucho más tiempo, precisamente cuando uno es más valioso porque ha acumulado más conocimientos y experiencia.

    Y entiéndaseme bien, esto no es crítica ni menosprecio (y en caso de serlo debiera serlo al sistema y no a ellos), sino más motivos de admiración y de respeto por su entrega al servicio de los demás, en una carrera que nunca ha estado bien agradecida (y del pagada ya ni hablamos…) ni por la propia institución de la Armada, ni por la sociedad a la que sirven.

    Mi máxima gratitud y admiración a todos.
    Fico.

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    1. Muchas gracias por tus palabras de reconocimiento hacia quienes vestimos un uniforme militar (o en otras actividades relacionadas con la seguridad y defensa de nuestros compatriotas). No siempre es reconocido y hay que valorarlo.
      Sobre "el aprovechamiento" en la empresa civil de personas tan preparadas y con unos valores que escasean, precisamente me van a invitar a un Seminario sobre esta cuestión en San Pablo - CEU, dada mi experiencia de cinco años en la industria azulejera de Castellón.
      Gracias Fico, ya se que conocen muy bien el tema.

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  3. ! Que bien elegido está el titulo de su blog...¡

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    1. Muchas gracias, aunque he de decir que es también el lugar que ocupa la columna en el periódico, la quinta a la derecha de la página.
      No todos lo entienden. Repito: Gracias

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