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sábado, 22 de marzo de 2014

ADOLFO SUAREZ


                  Cuando escribo estas líneas, Adolfo Suarez, Presidente del Gobierno de España durante la Transición política y uno de sus más importantes protagonistas,  se encuentra en estado muy grave temiéndose por su inmediato fallecimiento.

                En los últimos meses he oído, en brillantes intervenciones públicas, a dos de sus ministros más destacados, José Manuel Otero Novas y Alfonso Osorio, quienes se han referido siempre a Suarez como principal impulsor de los cambios que se produjeron a la muerte de Franco, lo que se ha venido a llamar el Espíritu de la Transición, el consenso entre todos los grupos políticos para dotar a España de una Constitución e Instituciones políticas democráticas.

              Además de contar lo acontecido  en aquellos importantes años y el papel protagonista de políticos de izquierdas como Santiago Carrillo, de derechas como Manuel Fraga o nacionalistas como Tarradellas, que hicieron posible, así mismo, los Pactos de la Moncloa, lamentaban en sus intervenciones la situación política española actual.

               Lamentaban que aquel consenso haya saltado por los aires en mil pedazos, que los políticos actuales, además de protagonizar, en muchos casos, escándalos de corrupción, su gestión política sea tan lamentable.

               Seguramente Adolfo Suarez, debido a su enfermedad, no ha sido consciente del deterioro de nuestra democracia hasta hacerla irreconocible. Transición que fue admirada y seguida por otros países, protagonizada por políticos, mejores o peores, pero con un sentido de Estado que ahora se echa en falta.

              Pregunté en cierta ocasión a Alfonso Guerra, Vicepresidente del Gobierno socialista de Felipe González,  durante una conferencia en la Universidad de Cádiz en 2012, por las causas de este  deterioro democrático y moral de nuestra sociedad. Su respuesta fue muy clarificadora, se limitó a contestarme que hiciera, uno por uno, una comparación entre los políticos de entonces y los de ahora, y yo mismo encontraría la respuesta.

             La llegada, inesperada y un tanto forzada, de Rodríguez Zapatero a la presidencia del gobierno de España, supuso un acelerón considerable a un proceso que ya se había iniciado durante el segundo gobierno de Aznar. Su Ley de la Memoria Histórica, su revisionismo de la Transición, incluidas las amnistías que sacaron de la cárcel a terroristas de ETA, abrieron viejas heridas producidas por una cruel guerra civil. Las dos Españas, que denunciaba Antonio Machado en “Campos de Castilla”, ha vuelto a helar el corazón de muchos españolitos  y lo peor es que no se vislumbra una salida a esta crisis moral y de valores.

               El revisionismo se hace fuerte, se quieren celebrar juicios por crímenes de guerra a personas fallecidas hace ya muchos años, recuperar cadáveres enterrados en cunetas y fosas comunes, eliminar nombres y símbolos relacionados con la guerra civil y el régimen posterior, pero, eso sí, solo lo relativo al bando vencedor, como si las famosas “checas”, ideadas por el camarada Alexander Orlov, asesor del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) de la República, no hubiera causado auténticas masacres.

                 Lo más importante y positivo que logró Adolfo Suarez, la reconciliación de los dos bandos contendientes, donde miles de familias tuvieron entre sus miembros a combatientes en trincheras opuestas, simplemente por cuestiones geográficas, está siendo ahora destrozado por políticos radicales de izquierdas que buscan vengarse, casi ochenta años después de terminada la guerra, de una derrota que ninguno de ellos vivió.

                 No ha sido una vida fácil la de Adolfo Suarez. En lo personal vivió el fallecimiento de su mujer y una hija, antes de caer gravemente enfermo, y en lo político sufrió duras criticas, oposición y hasta traición de algunos de sus colaboradores, pero a pesar de ello, pasará a la Historia como artífice de un cambio que ha traída a España el periodo de paz más largo de los dos últimos y convulsos siglos.

                España entera lamentará la perdida de Adolfo Suarez y lo que representa, el espíritu de la Transición, todos menos esos políticos a los que me he referido, algunos incluso tan jóvenes que ni sus propios padres vivieron la tragedia y cuya única motivación puede estar en las abundantes subvenciones recibidas de gobiernos tan democráticos como la Venezuela de Maduro, en forma de subvenciones y ayudas a determinadas fundaciones.  

                Con Adolfo Suarez desaparece una casta política que aprendió a marchas forzadas, sin experiencia previa, con aciertos y errores, con pasado a veces muy turbio, pero con un gran sentido del deber y la renuncia en beneficio de la sociedad. Que Dios le acoja en su seno y consuele a su familia, amigos y admiradores.

4 comentarios:

  1. Es triste, pero seguro que algunos de los comentarios que recibas, irán a descalificarle por las verdades que acaba de expresar, en vez de alabar tan bonito mensaje sobre el ex presidente.

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  2. Pues tiene toda la razón, alguna discrepancia y muchos acuerdos, como casi siempre pasa, sea cual sea el tema (por correos privados).
    Yo procuro expresar mi opinión y fundamentarla, cuando el espacio disponible lo permite, no en columnas de 2000 caracteres que solo permiten apenas enunciar algunas ideas.
    Al fin y al cabo son mis opiniones, basadas, como las de todo el mundo, en las propias experiencias.
    Aquí no hay censura y cada cual puede expresarse como guste, siempre dentro de la más absoluta corrección, tal como yo mismo procuro hacer.

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  3. Adolfo Suárez fue un político al servicio de su país y no uno de esos vividores de la política que ponen al país al servicio de sus intereses personales y de partido; por eso actuaba con gran visión de Estado pensando siempre a largo plazo, y estando dispuesto a renunciar a su cargo en cuanto sintiera que ya no resultaba útil al país.

    Fue de una categoría humana y una honestidad política muy superiores a las hoy al uso, lo cual salta a la vista sólo con comparar sus actitudes como político con las actuaciones de algunos políticos actuales, sobre todo en una situación tan especialmente sensible como la del duelo nacional por su fallecimiento, en la que hasta al más insensible asno del lugar, se le ocurre que se impone actuar con una respetuosa deferencia, tanto hacia los familiares del fallecido, como hacia todos los que recordamos a Suárez con gratitud y profundo respeto. Y que sin embargo, su carácter extraordinario pasa desapercibido para los actuales vividores de la política, pues para ellos lo prioritario es estrujar cualquier oportunidad para sacar tajada, ¡aunque sea de un cadáver todavía reciente y con sus deudos delante! Donde haya (con todos mis respetos hacia el fallecido y sus allegados) un buen cadáver que aprovechar para arrimar el ascua a su sardina, que se quite todo lo demás. Y no tienen el más mínimo rubor, ni escrúpulo, en retorcer sus argumentos hasta lo imposible, con tal de poder aprovechar impúdicamente la ocasión en detrimento de sus oponentes políticos y en beneficio de sus intereses particulares. Lo cual resulta especialmente repugnante cuando alguien está enterrando a sus seres queridos

    Y cito dos ejemplos de ayer mismo, ocurridos pocas horas después del fallecimiento de A. Suárez.

    El primero es de Nicolás Sartorius, antiguo líder del PC. Preguntado ayer sobre el gran mérito de Adolfo Suárez en la legalización del Partido Comunista en un momento político de extraordinaria dificultad, hizo una retorcida pirueta dialéctica para acabar auto-alabándose a sí mismo y al PC, pues, según él, gracias a que la manifestación convocada por ellos tras los asesinatos de Atocha, fue pacífica por expresa consiga del PC y los sindicatos, de que no debía haber el más mínimo acto de violencia; fueron ellos, y no tanto Suárez, los que se ganaron la legalización del PC. Y nadie duda que aquello no tuviera su mérito pues fue un asesinato terrible cometido por la extrema derecha. Pero Sartorius no habría sido el vil y perfecto prototipo del hombre de izquierdas de hoy, si (con Suárez aún de cuerpo presente) no hubiera aprovechado la oportunidad para restarle méritos al fallecido adjudicándoselos a sí mismo y a su propio partido. Y, ya de paso, me pregunto: ¿Estaría Sartorius reconociendo implícitamente que en la manifestación “pacífica” -“por la dignidad”- de ayer mismo (con más de 100 heridos, cerca de 70 de ellos policías…) lo normal es que si los convocantes no dan la consiga expresa de que no haya actos de violencia es que se asume con naturalidad que están recomendados…?

    Y el otro ejemplo es el de Artur Mas que, consultado sobre la grandeza de la obra de Suárez, aprovechó para decir que si en un año Suárez fue capaz de alcanzar los Pactos de la Moncloa, legalizar el Partido Comunista y restablecer el Gobierno de la Generalitat; espera que el gobierno actual sea capaz de aprobar la celebración del referendum de autodeterminación de Cataluña.

    ¡¡Puaaaajjjjjjjj! No merece comentario.

    Esta es una muestra de lo que son y cómo actúan los actuales vividores de la política.

    Descanse en paz Adolfo Suárez. Mi gratitud, mi admiración y mi respeto.
    Fico S. Peral

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  4. Solo puedo decir que estoy totalmente de acuerdo con tu comentario. Nada se puede añadir a lo que dices, incluida la ultima parte, aunque no he oído a Sartorius, la catadura moral de estos dos individuos ha quedado muy clara.
    Lástima de país !!!

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