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miércoles, 5 de septiembre de 2012

LAS CARGA EL DIABLO


(Publicado en el Diario de Cádiz el 3 de Marzo de 2012 a raiz de unas manifestaciones muy violentas en Valencia y Barcelona de estudiantes y agitadores profesionales, que fueron manipuladas burdamente por algunos medios y políticos)


            Desde que empecé en esto de escribir en la prensa, hace ya unos años, me puse una  línea roja absolutamente invulnerable: no publicar ni un solo párrafo, referido a un hecho concreto,  cuyo contenido no haya sido previamente comprobado y, a ser posible, por diversas fuentes.


            No voy a dar lecciones a nadie, y me consta que los periodistas profesionales no las necesitan, pero en las mismas páginas donde publico, leo, a veces, columnas de opinión, narrando acontecimientos concretos que, desde mi punto de vista, están poco documentadas, a veces con una descripción  tendenciosa de los hechos  y, en muchos casos, directamente manipuladoras.


            Sabedores del efecto que muchas veces tienen sobre la opinión pública las opiniones de personas conocidas, y hasta con un determinado prestigio, algunos políticos olvidan que las páginas de un periódico no son la plaza pública y aunque el responsable de lo que se escribe no es otro que su autor, no debería aprovecharse la generosidad del medio para el adoctrinamiento partidista.


            Lo que se espera de estas personas son opiniones fundamentadas, serias y responsables, y cuando relatan algunos hechos, que el relato se corresponda con la realidad contrastada. 


            Todas las opiniones son respetables, excepción hecha de quien defienda actitudes de violencia de algún tipo, cuando quien la emite lo hace desde el convencimiento, cuando reflejan los pensamientos sinceros del que opina, por muy dispares que sean con las nuestras. No son cuestionables las ideas y las manifestaciones de quienes no coinciden sinceramente con nosotros.


            Lo que no admite, desde luego, ninguna interpretación, son los hechos. Ahí no se permite el devaneo, la intencionalidad, el engaño. Las cosas pasan de una determinada forma y no de varias. No se pueden narrar hechos acontecidos, en los que no hemos estado presentes, por referencias ajenas no exentas de intencionalidad. Si no se tiene una información contrastada de lo sucedido es preferible obviarlo antes que contar lo que no fue.


            No estoy teorizando, me refiero a hechos concretos que suceden cada día y que, según quien los describa, parecerán una cosa u otra. Eso se llama desinformación y se convierte en un arma política porque crea opinión, convence de determinado perfil de ciudadano que no investiga la realidad de los hechos y admite como cierto todo lo que aparece en los medios de comunicación, incluida Internet. Que lo hagan los partidos políticos, faltando a la verdad, no es ético, pero es parte del “juego político” (¿Se llamará así porque juegan con los ciudadanos?). Lo que no es admisible es que lo hagan quienes luego presumen de mantener una postura neutral y crítica con los errores de unos y otros.


            Ya se que todo seguirá igual y quien escribe con una idea fija lo seguirá haciendo, fiel a una ética muy personal, a sabiendas de lo que hace y con la intención que lo hace. Incluso si con ello se echa una mano al deterioro de la paz social de la que hemos disfrutado los españoles, a pesar de la que está cayendo, durante los últimos tres años, y que vemos ya alterada día si y otro  también.


Se anuncia, por sindicatos y partidos de la oposición al Gobierno, un “otoño caliente”, sin medir las consecuencias de imagen exterior que tanto y tan gravemente puede perjudicar a España. Hay medios, tertulianos y agitadores profesionales, que jalean las revueltas y justifican a sus promotores, naturalmente que mientras no vayan contra ellos, pues cuidadito, que las carga el diablo. Los grandes incendios empiezan por una pequeña chispa. Luego, cuando crece, se hace incontrolable. Por favor, no jueguen con fuego.

1 comentario:

  1. En efecto, querido compañero, la experiencia dió origen al dicho y cargadas por el diablo, cuando hacen explosión se lleva por delante muchas veces todo lo que encuentra sin discriminación, pero en este caso, barruntando algunos, que van a entrar en el saco de los inculpados, unos y otros, un bando y el adversario, entonces correrán el riesgo, vociferarán y tratarán de dirigir la corriente de indignación sobre quien tiene el poder actualmente, por su incapacidad para eliminar el cáncer que nos corroe, y así enarbolar de nuevo la bandera salvadora. Pero... ¿lo vislumbrará la masa arrolladora, o se dejará manipular una vez más?.

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