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sábado, 15 de agosto de 2015

LAS ESPAÑAS



          Quienes no conocen la Historia de España, de los Reyes Católicos a Carlos IV, no entienden ni asumen la antigüedad de la nación española. Creen que comenzó en Cádiz en 1812. El primer imperio global de la historia de la humanidad involucró a todas las Españas” Asegura el historiador Manuel Lucena.


         Pero no son esas “las Españas” que me preocupan hoy, ni siquiera a las que Antonio Machado recitaba en Campos de Castilla: Españolito que vienes al mundo / te guarde Dios / una de las dos Españas / ha de helarte el corazón. “de las que ya hablé en julio de 2010 en un artículo publicado en el Diario de Cádiz que titulaba “Las dos Españas”.

         Me refiero a las 17 Españas en que han devenido las 17 autonomías de nuestra Constitución del 78. Ninguno de los “padres” de la Constitución, estoy seguro, podía imaginar que pasado el tiempo, el sentido unificador de las diferencias que se proponía, no solo no se ha logrado, sino que estas son cada vez más grandes y significativas y, llegados a este punto difícil se antoja reconducir el sistema.

         Siendo realistas, la necesaria, por muchos conceptos, reforma de la Constitución, para tener una aceptación mayoritaria, sobre todo en las autonomías que han asumido un mayor grado de competencias, más que retornar al gobierno central lo que ya se ha transferido, sobre todo en educación y sanidad, debe tratarse de evitar las duplicidades o triplicidades de competencias, lo que hace al sistema enormemente  más caro e ineficaz para todos.

         La propuesta podría pasar por darle el verdadero contenido y competencias a nuestro Senado, al estilo del Bundesrat alemán o el Senado norteamericano, países ambos de estructura federal donde la igualdad entre todos los ciudadanos en derechos y obligaciones está garantizada. Sus cámaras de representación territorial, donde cada estado tiene un número de representantes proporcional a sus habitantes, tiene verdadero poder regulador de competencias y no es el gobierno central quien lo hace, y contra quien todos reclaman,  sino las propias autonomías a través del Senado. Unas se controlan a otras garantizando lo que realmente es importante: la igualdad entre todos los españoles.

3 comentarios:

  1. El mejor sentido que se le puede dar hoy día al Senado es su supresión. Esto mejoraría la estabilidad de la política española, a la vez que se ahorraría un suculento presupuesto. Y, para completar la mejoría política y económica de España, lo más sensato es suspender el llamado Estado de las Autonomías. Sé que es una utopía, pero también sé que está en la mente de muchos españoles... ninguno de la casta política, claro.

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  2. Me temo, amigo mío, que precisamente lo que no quieren los nacionalistas es que todos seamos iguales.

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    Respuestas
    1. Es muy cierto. lo del café para todos de Suarez no les gustó y lo cambiaron, pero la idea va porque sea en el Senado y entre ellos donde se diriman las diferencias, quitando al Gobierno Central del enfrentamiento directo e individualizado con cada una de las autonomías. Así es en Alemania y USA.
      La reforma, en ese sentido, es posible si PP y PSOE se ponen de acuerdo. No hacen falta los votos separatistas para la reforma.

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