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sábado, 16 de noviembre de 2013

LA TERCERA VIA


               El pasado día 9 de Noviembre se cumplieron veinticuatro años de la caída del Muro de Berlín, vergüenza y símbolo del comunismo que imperaba en toda la Europa del Este tras la II Guerra Mundial.

               Tuve la oportunidad de vivir en primera fila todo el proceso del derrumbamiento de esos regímenes totalitarios, cuyos ciudadanos añoraban el nivel de vida y libertades que apenas atisbaban al otro lado de Europa.  Solo el miedo que provoca un régimen de férreos controles policiales lograba mantener sometidos a millones de ciudadanos.

               No hace falta profundizar en las características más destacadas del comunismo que sufrió por décadas esa parte de Europa, pero si quiero destacar el altísimo grado de corrupción de sus dirigentes y las  tremendas diferencias sociales entre la ciudadanía y los miembros destacados del partido.

               La crisis financiera provocada en 2007 por los créditos subprime en los Estados Unidos y la consecuente quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008 arrastra a todo un sistema, el capitalista, que había merecido el sobrenombre de salvaje.

              La única característica común de ambos sistemas, comunismo férreo en el Este y capitalismo salvaje en Occidente, ha sido la corrupción de quienes detentaron  el poder político o económico en cada caso. Y en ambos la corrupción ha sido el origen del fin, sin que los culpables, salvo pocas excepciones, hayan pagado a la sociedad por el mal causado.

              La corrupción ha sido y sigue siendo más grave, con consecuencias más nefastas para los ciudadanos, en los casos en los que quienes han ejercido el poder lo han hecho de una forma más continua y dilatada. En la mente de todos están los líderes mundiales que, elegidos o no, cuentan por décadas sus mandatos, pasados o actuales, y es fácil analizar las consecuencias para sus países.

              Pero la corrupción no solo es patrimonio, nunca mejor dicho, de las máximos responsables políticos. Se extiende a todas las capas dirigentes, a muchas personas que por ejercer algún grado mayor o menor de poder han tenido la ocasión de enriquecerse con dinero público.

              La subida que se está produciendo de los partidos nacionalistas y xenófobos de extrema derecha en toda Europa no sabemos en qué puede desembocar. En su mayoría son euroescépticos y si lograran el suficiente poder supondría un paso atrás importante en la construcción de la Unión Europea o incluso su desaparición, extremarán los controles de la inmigración e incluso se producirán expulsiones masivas, como los gitanos de Francia.

                  Sea el que sea el régimen que se termine instalando en Europa, el control de los dirigentes, no solo su elección, debe volver a los ciudadanos, que no súbditos y una de las exigencias que deben imponer es la limitación de mandatos a todos los niveles políticos de las administraciones, hasta justo llegar al nivel técnico, donde deben ejercer profesionales cualificados.

                  Desde que existe la humanidad ha habido liderazgos, dirigentes y sistemas de organización de las comunidades. Las experiencias en la vieja Europa han sido muy variadas según las épocas de la historia y, con avances y retrocesos, la resultante ha sido mejoras sociales, a veces tras cruentas guerras, que nos han llevado a la sociedad del bienestar de la que nuestra generación ha disfrutado.

                  El futuro, que está sin escribir, quizás nos aporte nuevas ideas, nuevos sistemas económicos y políticos, una tercera vía equidistante de nuestros más recientes fracasos, pero estoy seguro de que tras las experiencias vividas, la ciudadanía no se dejará arrebatar, una vez más, la posibilidad de ser dueña de su futuro.

                  Proliferan movimientos ciudadanos que pretenden, justamente, ejercer el control sobre los dirigentes políticos. Evitar, hasta donde se pueda, un regreso a uno u otro extremo del espectro, comunismo o capitalismo, la dictadura de los partidos políticos, la partitocracia que impera en nuestras sociedades.

               Ya me he referido en artículos anteriores al ex ministro del Gobierno de Adolfo Suarez, José Manuel Otero Novas, una de los artífices de la transición política española a la muerte de Franco, y en la actualidad preside el Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad San Pablo – CEU, y a la reciente publicación de su Aula Política, titulada “Recuperar España. Una propuesta desde la Constitución”, como una muestra más de la inquietud social ante un auténtico vacío ideológico de la política actual.

            El próximo viernes 22 de noviembre se inauguran en el Ateneo de Cádiz las “Tertulias Políticas” con periodicidad mensual, en un intento más de encontrar nuevas vías, nuevas salidas a una situación transitoria entre dos sistemas fracasados y que tantas víctimas han dejado por el camino. Otero Novas será su primer ponente, Mocho Pérez y yo coordinaremos la tertulia. Ya les tendré al corriente.

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