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sábado, 22 de diciembre de 2012

LIBERTAD ¿PARA QUÉ?

   Publicado en el Diario de Cádiz el sábado 22.12.2012

Tenemos en nuestras retinas las imágenes de los veinte niños asesinados en Newtown (USA) por un joven que ha utilizado su libertad para acabar con la vida de 28 personas, incluida su propia madre.

Familia desestructurada, y una madre que, por ganarse el cariño, o al menos no el desprecio de su único hijo, le enseña a disparar, y le compra las armas que el joven quiere, con el resultado que conocemos.

EEUU pasa por ser el "país de las libertades", cuna de la moderna democracia, por leyes como la que permite que trescientos millones de armas estén en manos de ciudadanos a los que no se les ha hecho una prueba psicotécnica, o se han investigado sus antecedentes, o un mínimo de seguridad sobre el "buen uso" al que van a ir destinadas las armas en su poder.

Como contraste con lo anterior, un ciudadano norteamericano puede recibir un trato vejatorio o incluso violento por una infracción de tráfico o administrativa, es decir, la policía actúa sin mucho miramiento, sintiéndose respaldada por las leyes que tratan de imponer. He ahí las terribles contradicciones de una sociedad sin identidad, formada por emigrantes de las más diversas procedencias. Nunca han sido más que inmensamente ricos, la nación más poderosa de la tierra, el "imperio" de la era moderna.

No quiero generalizar. He tenido buenos amigos norteamericanos, he pasado largas y frecuentes temporadas de trabajo en ese país del que admiro muchas cosas, hasta con una cierta envidia, pero siempre he pensado que no sería un país unido y viable si, de repente o por adversas circunstancias, se convirtiera en un país pobre.

El dios de los norteamericanos, de la mayoría, es el dólar, por quien se mata o cometen los más execrables crímenes. Los valores éticos y morales, esos que nosotros, europeos, teníamos tan interiorizados no hace mucho, prácticamente han quedado como patrimonio de una minoría.

Escena de una película norteamericana: "¿Has disparado alguna vez un arma? Tienes que hacerlo, se siente uno el hombre más poderoso del mundo". Esa es la moral predominante, el poder, el dinero, el egoísmo llevado al extremo. Aquí, en la vieja Europa, despojada de sus valores éticos y morales, ya no nos falta mucho para alcanzar esas cotas de "libertad", menos mal que ahora somos pobres.

lunes, 17 de diciembre de 2012

ALGO HABRA QUE HACER



          Con mucha frecuencia recibo comentarios a mis artículos, tanto en el blog como en el Diario de Cádiz, de lectores que, muy disconformes con la situación actual de España, se preguntan y me preguntan: ¿Qué se puede hacer?

          A todos les respondo lo mismo, yo tampoco tengo la solución, pero “algo hay que hacer” y con urgencia. El deterioro moral, social y económico de España, requiere una terapia de choque, no un tratamiento a largo plazo con nulos efectos paliativos, todo fiado a un futuro que algunos, entre los que se encuentran quienes optan por el suicidio, no verán.

La situación es muy desesperada y quien no lo vea así es porque tiene la suerte de no tener muy  cerca uno de estos dramas familiares. El país no puede soportar casi seis millones de parados, el veinticinco por ciento de la población activa (es un decir), millón y medio de hogares en los que no hay ingresos, ni siquiera subsidios, y con hijos a los que alimenta la Iglesia Católica a través de sus muchas instituciones, la primera de ellas Caritas.

          Familias mal viviendo de las pensiones de los abuelos, y jóvenes bien preparados emigrando por miles a Alemania, Gran Bretaña o Iberoamérica.

          Tras la experiencia de Zapatero, sin duda el peor Presidente  de Gobierno de la democracia, y sobre el que no haremos más leña, el Partido Popular logra una mayoría absoluta, más por hartazgo del PSOE que por méritos propios. Rajoy, antes y después de las elecciones, obtiene en las encuestas unas calificaciones de suspenso bajo. No es un líder carismático, no llega al ciudadano y no sabe (aunque bien quisiera) explicar lo que esta haciendo.

          El Partido Popular, que pecó de prepotencia en Andalucía y terminó perdiendo un gobierno que tenia ganado, sigue, a nivel nacional, con iguales comportamientos: Tengo mayoría absoluta, hago lo que creo que tengo que hacer y prescindo de consensos y acuerdos previos. Gobierno por decreto o mayoría y, quizás dentro de otro año más o año y medio, empecemos a crear empleo (naturalmente poco) y los españoles nos darán la razón.

          No hay tiempo, el tiempo se ha terminado cuando casi un cincuenta por ciento de la población (quizás me quedo corto) mal vive de la caridad y las ayudas. Se cumple un año de gobierno del PP y el balance es:

-        Más paro y peor retribuido.

-        Sigue la incesante destrucción del tejido empresarial, sobre todo en la pequeña y mediana empresa, que son las que generan el noventa por ciento de los puestos de trabajo.

-        Cada día cierran por miles pequeños comercios, casi todos empresas familiares, porque a los españoles de a pie, el poder adquisitivo se les ha reducido drásticamente y la actividad económica está bajo mínimos.

-        Las administraciones publicas: Gobierno Central, Gobiernos Autonómicos, Diputaciones, Mancomunidades y Ayuntamientos no dan  un paso hacia la reducción de duplicidades o triplicidades administrativas, eliminación de los miles de asesores y liberados sindicales o reducciones considerables de sus sueldos, a veces duplicados, y sobre todo de sus complementos.

-        Los partidos políticos, sus fundaciones y sindicatos, continúan recibiendo millonarias subvenciones del dinero de todos los españoles.

-        Algunas cajas y bancos, tras una pésima administración y haber engañado y cobrado intereses de usura a sus clientes, tienen que ser ahora rescatados con dinero que pagaremos durante muchos años.

-        Así y todo, esas entidades bancarias siguen negando préstamos a empresas y particulares y ejecutando desahucios, ahogando las pocas posibilidades de supervivencia de muchas empresas y comercios.

-        Lo que no falta en los presupuestos son gastos en “embajadas” y medidas favorecedoras de las señas de identidad de cada región, junto con recortes en servicios sociales, educación e inversiones productivas o prestamos a empresas.

             Fui gerente de una empresa azulejera a la que la crisis de 1993 había dejado en la situación que encontré a mi llegada: De cuatro hornos instalados, dos apagados por exceso de producción y escasez de ventas. El stock era tan grande que ya no cabía en los amplios almacenes.

          Un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) en tramitación para despedir a 45 empleados de una plantilla de 185, y los sindicatos paralizando la actividad productiva con huelgas y movilizaciones.

          No voy a entrar en aquí en detalles de cómo salimos de esa desesperada situación hasta poner a la empresa en beneficios y, no solo no disminuir la plantilla, sino aumentarla hasta 250 personas, la mayoría con contratos fijos, pero diré la palabra mágica: c o m p e t i t i v i d a d.

           Los bancos no prestaban dinero estando en pérdidas y el dinero es la savia de la empresa, así que hubo que buscarlo reduciendo costes y vendiendo algunos activos poco rentables.

            Se pactó con los sindicatos una “paz social” a cambio de mejoras en las condiciones de trabajo y seguridades de empleo según resultados, es decir, se involucró a toda la plantilla en el nuevo proyecto.

              Se mejoró el producto y los canales de comercialización, nos hicimos más c o m p e t i t i v o s.

              Ahora, en España, siguiendo directrices de la Unión Europea y para poder recibir, llegado el caso, los fondos de ayuda que se precisen, solo se ejecuta una parte del plan, la reducción de costes. La parte más débil de la sociedad soporta, casi en exclusiva, lo más duro, lo menos imaginativo, los recortes del gasto.

                 Nos falta lo más importante, relanzar la actividad económica mediante ayudas directas a pequeñas y medianas empresas, emprendedores, autónomos y todo aquel que sea capaz de generar empleo. Solo así seremos c o m p e t i t i v o s, solo así saldremos de la crisis. Lo peor es que nuestros políticos no parece que lo tengan tan claro.

               La sociedad civil debe exigir a sus representantes medidas en esa dirección, la reducción de tanto gasto inútil y la reactivación de la economía productiva.

sábado, 8 de diciembre de 2012

BRITA Y LA OPOSICION

Publicado en el Diario de Cádiz, el sábado  08.12.2012


BRITA está desconcertada, dice que no entienda nada de este país. Por más que lo intenta no consigue entendernos. Comenta, sin salir de su asombro, que ha intentado encontrar una mínima coherencia en las declaraciones de los políticos, incluso del mismo partido, pero le ha sido imposible. Lo que sí ha observado es que el cariz de las declaraciones va en función de si estas se hacen estando en el gobierno o en la oposición, e incluso como se critican duramente acciones de gobierno que ese mismo partido realiza allí donde gobierna o donde ha gobernado recientemente.
Está convencida, y es muy grave, de que los dos partidos mayoritarios carecen de sentido de Estado, de que miran antes por sus intereses partidarios que por el bien común. Se escandaliza de que en 37 años de democracia, y salvo los Pactos de la Moncloa de 1977, no hayan sido capaces de ponerse de acuerdo en temas de la mayor importancia para el país como la educación, la justicia, la reforma de la Constitución,…y tantas otras.
¿Cómo es posible que en una reunión para debatir una futura Ley de Educación, algunos consejeros regionales ni siquiera entren en el debate, o que las posturas se decanten a favor o en contra según las siglas políticas? ¿No hay ni un solo punto en el que puedan llegar a un acuerdo? ¿No se dan cuenta de que siete leyes de educación anteriores han llevado a España a los últimos lugares de la calidad educativa y que ninguna de sus universidades figura entre la 100 primeras del mundo?
¿Cómo puede interpretarse que un partido que gobernaba hasta hace un año congelara las pensiones, todas las pensiones sin excepción, y ahora proteste y amenace con llevar la ley al Tribunal Constitucional, porque solo se suben un dos por ciento? Insiste en sus preguntas.
Yo tampoco lo entiendo, pero aun así, tratando de enconttrar una  explicación, le respondo: Nuestros políticos siguen escalando puestos en las estadísticas de los principales problemas del país, precisamente porque, una vez demostrado que no saben gobernar, con las tremendas consecuencias que estamos viendo, se han empeñado en mostrarnos que tampoco saben ser oposición.
Su logro: la casi desaparición de las Pymes y la clase media, auténtica columna vertebral del país.

sábado, 1 de diciembre de 2012

EL CUARTO PODER


              Hace ya algunos años,  fui responsable de la Consejería de Prensa en una embajada española. Fueron cinco años muy intensos en acontecimientos políticos y sociales en el país en cuestión,  lo que propiciaba la presencia casi continua en su capital de magníficos periodistas,  con los que hice una buena amistad.  Una parte de mi trabajo consistía en facilitarles acreditaciones y entrevistas con políticos locales.

También tenía, entre otras, la responsabilidad diaria de preparar el Boletín de Prensa, resumen de lo publicado en el día, tanto en la prensa que llegaba de España como en la local que pudiera ser del interés de  la embajada. Era apenas una hoja con titulares y tres o cuatro más con los resúmenes de los artículos. Con ello se pretendía, y en buena parte se lograba, que a primera hora de la mañana los responsables de la embajada iniciaran su jornada suficientemente informados. El Boletín  añadía las copias necesarias cuando nos visitaban altos cargos de la Casa Real, el Gobierno o instituciones.


     Lo cuento porque esta experiencia me permitió, por una parte, conocer mejor el mundo del periodismo y por otra constatar la importancia que los medios de comunicación tienen en el desarrollo político y social de los países.  Los buenos comunicadores son creadores de opinión, pero también son las conciencias de los responsables políticos.  No porque estos tengan que hacer lo que los primeros les dictan, sino porque lo publicado suele ser reflejo de las opiniones  de los administrados y, aunque no siempre sean mayoritarias, los administradores tienen la obligación de conocerlas.


     Ignoro hasta qué niveles nuestros políticos disponen de Gabinete de Prensa, (matizo que no me refiero a portavoces empeñados en salvar la cara de sus jefes), que les proporcionen esos resúmenes diarios de lo publicado. Apostaría que no, a tenor de los resultados.


     Ya sabemos que las múltiples ocupaciones y compromisos de nuestros políticos apenas les dejan tiempo para leer, y lo digo sin segundas intenciones, y los desplazamientos en coche oficial no les permiten comprobar, por ejemplo,  el estado de revista de la ciudad o el deterioro natural o forzado de obras recién terminadas. Por eso necesitan imprescindiblemente de esa conciencia cívica a la que me he referido, si no, corren el peligro de no enterarse de nada, de perderle el pulso a la ciudadanía.


     Casi a diario aparecen en nuestra prensa reportajes muy documentados que son auténticos  aldabonazos a las conciencias de nuestros administradores públicos. En muchos casos ni siquiera merecen la aclaración pública, el desmentido o la disculpa de estos.  Ante esta actitud cabe preguntarse si realmente están enterados de lo que ocurre en la vida real.


       Claro que a veces es mejor el silencio que salir a los medios para echarle la culpa al empedrado. Pero esto, la ignorancia, el que muchas veces no sepan ni donde están de pie, merece comentario aparte. Si Vds. me lo permiten, será otro día.


       Ya en 1770, el escritor  y político anglo-irlandés Edmund  Burke, definió a la prensa como "cuarto poder", en una especie de profecía de lo que sería la gran influencia de los medios de comunicación social, llegando incluso a considerarla  al mismo nivel  que el ejecutivo, legislativo o judicial.


       No corren buenos tiempos para la prensa escrita.  La crisis económica, que de forma tan directa afecta a las empresas, les ha privado de lo que ha sido su principal fuente de financiación: la publicidad. Salvo algún medio subvencionado por el poder político, lo que equivale a un sometimiento sin fisuras a los intereses de sus “dueños”, los periódicos que sobreviven lo hacen a base de reducir una y otra vez sus ya escasas plantillas, con la pérdida de magníficos profesionales y prestigiosas firmas de opinión, lo que en definitiva, como una pescadilla que insiste en morderse la cola, repercute en su función crítica.


       No se ve a corto plazo una recuperación de ese cuarto poder, al menos en su formato tradicional. Hoy, la televisión,  la radio, Internet y redes sociales, por su inmediatez, accesibilidad y coste, han desbancado casi totalmente al periódico de papel.  Personalmente lo lamento, y al mismo tiempo apuesto por  un futuro imaginativo e innovador que salve este formato. No es solo sentimentalismo o nostalgia de tiempos pasados, es convencimiento de su importante función de control y crítica a otros estamentos de la sociedad,…cuando realmente se trata de prensa libre e independiente.