lunes, 3 de junio de 2013

BRITA Y LA "GUERRA SUCIA"




“Tuve que decidir si volaba la cúpula de ETA. Dije no. Y no sé si hice lo correcto” declaraba el ex Presidente del Gobierno Felipe González a Juan Jasé Millás del diario El País en noviembre de 2010.

En septiembre de 2012, el ex Presidente del Congreso de los diputados, José Bono, publica una entrega de sus memorias en la que recordaba esta entrevista: “En 1993, Felipe González tuvo la tentación de matar a la cúpula de ETA”.

Recientemente, Rafael Vera, ex Secretario de Estado del Ministerio del Interior, hacia su aparición en una televisión para explicar algunas cuestiones relacionadas con el GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), su participación durante los cinco años de actividad de este grupo, de 1983 a 1987, y como fue él mismo quien decidió su cese.

Vera y el ex Ministro del Interior José Barrionuevo, fueron condenados a diez años de cárcel por el secuestro del ciudadano francés Segundo Marey, realizado por los GAL, y malversación de caudales públicos, referido a pagos realizados con fondos reservados del Ministerio del Interior.

Sin embargo, las 27 muertes causadas por el GAL durante su actividad, así como las producidas por el Batallón Vasco-Español y Antiterrorismo de ETA (ATE), nunca han sido juzgadas y nadie ha pagado por ellas.

Brita, que ha seguido las últimas informaciones sobre este asunto, me pregunta sobre la opinión de los españoles en tan delicada cuestión.

Le respondo con otra pregunta: ¿Qué piensan los alemanes de los “suicidios” en las cárceles de máxima seguridad de los miembros de la Fracción del Ejército Rojo, más conocido por Banda Baader – Meinhof? ¿Y los norteamericanos de la muerte de Osama Bin Laden en su residencia paquistaní? ¿O los británicos por la muerte de unos terroristas del IRA desarmados, abatidos por la policía en Gibraltar y tantos casos más de eso que llaman “guerra sucia”?.

-      Bueno, no es lo mismo. Me responde.

-      ¿Por qué? ¿Dónde está la diferencia?

-      Pues Margaret Thatcher asumió toda la responsabilidad en el caso de los terroristas de Gibraltar, y Barack Obama la muerte de Bin Laden. Mientras que los presidentes españoles no han respondido de igual manera y, en el caso de los GAL, destapó el asunto un periódico y el juez Garzón llevó a cabo su venganza personal contra el Gobierno del PSOE. Además los policías Amedo y Domínguez, condenados también por el secuestro de Segundo Marey, han desvelado muchos detalles de las actividades de los GAL y no fueron precisamente muy ejemplares en su comportamiento personal.

-      En eso tienes razón – le concedo – lo de los GAL tuvo un componente chapucero importante y quizás también por eso, el entonces Presidente González no dio un paso al frente y  asumió su responsabilidad en la “guerra sucia” contra ETA.

Todos los países, Orientales y Occidentales, que ha sufrido los terribles ataques del terrorismo han utilizado métodos ilegales para combatirlo. En el caso de los GAL, en aquellos años en los que Francia no colaboraba con España en la lucha contra ETA y los terroristas se entrenaban, abastecían y refugiaban en el país vecino, solo en territorio francés se podía luchar con efectividad contra los terroristas.

Moralmente  no se puede justificar ninguna muerte, solo la legítima defensa o la guerra en defensa de las vidas ajenas amenazadas seriamente, permite hacer uso de la fuerza.  El propio Catecismo de la Iglesia Católica dice, referido al uso de la fuerza:”… La prohibición de causar muerte no suprime el derecho de impedir que un injusto agresor cause daño. La legítima defensa es un deber grave para quien es responsable de la vida de otro o del bien común”.

-      ¿Quién está legitimado para usar las armas contra un ser humano?- me interpela Brita un tanto desconcertada.

-      No te voy a contestar a eso. Cada uno tiene su propia respuesta en función de sus convicciones morales y de la situación concreta, de la inminencia y la gravedad de la amenaza. Los militares lo tenemos muy claro y las Fuerzas de Seguridad también. Busca tu propia respuesta, pero hazlo analizando sinceramente cada situación desde todas sus vertientes y la gravedad y circunstancias de la amenaza.

sábado, 25 de mayo de 2013

ES LA EDUCACIÓN, IMBECIL (II)


  Publicado en el Diario de Cádiz el sábado 25 de Mayo de 2013


El martes 30 de Junio de 2009, hace casi 4 años, publiqué en estas mismas páginas, en la desaparecida “Firma Invitada”, la primera parte de este artículo. Podría reproducirlo íntegramente porque no ha perdido ni un ápice de actualidad, pero me limitaré a recordar solo algunas frases.

El debate y las protestas de estos días sobre la nueva Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), me sugieren una reflexión previa: Seis leyes de educación, que se dice pronto, todas ellas elaboradas por gobiernos socialistas, nos han llevado año tras año a ocupar los últimos lugares de las naciones desarrolladas en materia educativa, incluidas nuestras numerosísimas universidades, ninguna de las cuales está entre las 200 primeras del mundo.

Decía en 2009 que la culpa de esta situación es plural porque la sociedad española, sus representantes políticos, han sido incapaces en 30 años de llegar a un “Pacto para la Educación” y,  lo peor es que estos políticos nunca llegarán a ponerse de acuerdo, ni en esto ni en nada. El bien común está por detrás de los intereses partidistas.

Acabo de oírle al Embajador Francisco Vázquez, socialista y católico, como le gusta definirse, en una conferencia a sala repleta en Jerez, que el mayor fracaso de esta democracia, devenida en partitocracia, ha sido el sistema educativo.

De este tremendo fracaso han derivado temas tan graves como los sentimientos  separatistas entre los jóvenes catalanes y vascos, sometidos durante muchos años a un adoctrinamiento sistemático en contra de España.

Citaba el Embajador Vázquez ejemplos ridículos vividos por él en su Galicia natal, como el estudio exclusivamente de autores gallegos que escribían en su lengua,  mientras se ignoraba a Rosalía de Castro, Pardo Bazán o Valle Inclán, porque parte de su obra está escrita en castellano.  Y no digamos nada de la Historia y hasta de la Geografía localista que ignora el nacimiento de los ríos propios, si provienen de otra región.

            Tema crucial y determinante que nuestros políticos son incapaces de acordar, enfrascados, como están, en luchas internas y de partido en permanente campaña electoral. 


           

sábado, 18 de mayo de 2013

VIOLENCIA CALLEJERA


              Desde que el Partido Popular ganó las elecciones generales se ha abierto la veda de las huelgas y las manifestaciones. Algunos comentaristas políticos de buena memoria recuerdan que, cuando el partido socialista pierde en las urnas, gana la calle.

            Lo mismo sirve la guerra de Irak, la marea negra del Prestige, la Ley de Educación, el Metro de Madrid, o lo que se tercie. Siempre habrá un culpable en el gobierno a quien colgarle el muerto y por consiguiente justificar las huelgas y manifestaciones.

            Pero no siempre se trata de una cuestión relevante, que podrían ser objeto de contestación pública. Miles de manifestaciones en Madrid en lo que va de año, no pueden obedecer a razones de peso, sino a motivaciones forzadas. Se trata de eso, de tomar la calle, una vez perdidas la urnas.

             Hay que reconocer que la izquierda, será por la práctica, lo hace muy bien. Sabe sumar efectivos provenientes de los minoritarios grupos ácratas, okupas, movimientos sociales nacidos en defensa de cualquier causa justa, como los desahucios, que se convierten en causa justa solo cuando gobiernan los de enfrente.

              Los socialistas, cuando gobiernan o donde gobiernan, pueden privatizar la gestión de los hospitales públicos, pero se convierte en un tremendo recorte de derechos sociales si se le ocurre a un gobierno distinto.

            A pesar de lo dicho hasta aquí, el derecho de manifestación o de huelga (¿para cuándo una Ley de Huelga?), debe estar garantizado y ejercido, con razón o sin ella, siempre que los convocantes piensen que la tienen, pero cumpliendo escrupulosamente las normas establecidas por el Parlamento, donde reside la soberanía nacional.

          El problema no es la abundancia, el abuso diría yo, si no fuera por las consecuencias que en muchos casos tienen para el resto de los ciudadanos a quienes se impide desarrollar su vida con normalidad, el problema es la violencia con la que se desarrollan o terminan muchas de estas manifestaciones o huelgas. Un día lo lamentaremos todos, porque no creo que sea eso lo que buscan algunos extremistas infiltrados.

             No me estoy inventando nada. Escribo este artículo mientras oigo en una televisión, nada menos que a un catedrático de ciencias políticas, defender el uso de la fuerza, de la violencia, como hicieron los revolucionarios de muchos países, y citando expresamente los sans-culottes de la revolución francesa.

             Algunos líderes de organizaciones de estudiantes, que ni siquiera están matriculados en una asignatura, son auténticos agitadores que viven de eso, con largos historiales de violencia, que defienden públicamente, aunque justificándola con la violencia policial, siempre, en su versión de los hechos, provocadora y desproporcionada.

             Todo esto no es casual, sino que obedece a un plan bien trazado y ejecutado, con objetivos muy claros que no ocultan, como la monarquía, la Iglesia Católica, la banca, la democracia...con ataques abiertos y públicos. Los errores ajenos, que siempre los hay, son siempre magnificados y explotados, mientras se ignoran o tapan los propios.

               Esa democracia que dicen defender se gana en las urnas, no en la calle, salvo que lo que se persigue no sea preservar el sistema democrático sino su destrucción. Si así fuera, si realmente defendieran la democracia, la restauración de la II República, cuya bandera preside masivamente todas estas manifestaciones, si de verdad, como dicen, representaran al pueblo oprimido por el capitalismo, tendrían asegurada una mayoritaria victoria electoral.

                 La violencia verbal o física, el insulto, la ofensa grave contra  políticos, instituciones y fuerzas de orden, o la destrucción de mobiliario urbano, escaparates, vehículos o bienes públicos o privados, son el primer capítulo del manual revolucionario que solo busca provocar  reacciones violentas que sirvan de justificación.

                  Una minoría violenta bien adiestrada, sin escrúpulos, está arrastrando por un precipicio, sin frenos, a muchas buenas personas de las que aprovechan su justa indignación. Los veo en manifestaciones, a veces con niños, portando una bandera que seguramente han puesto en sus manos y de cuyo significado apenas conoce lo más elemental, y siento indignación y pena.

                 Viví en primera línea la revolución checoslovaca de 1989, estando presente en la Plaza de Wenceslao y Parque Letná, junto al Estadio del Sparta de Praga, en las concentraciones diarias de casi un millón de personas, Nunca se produjo ni un solo acto de violencia, ni verbal siquiera, y solo aclamaciones a Václav Havel (el forzado líder que necesitaban) y peticines de salida de los comunistas del Gobierno.

                   Aplausos, vítores y críticas de una masa enfervorizada, pero pacífica, sin muestras de violencia y con un sentido cívico envidiable. Se decía, y creo que era cierto, que tras las manifestaciones no quedaba ni un papel en el suelo. Presencié la llegada de una ambulancia para recoger a una persona que sufrió un desmayo, y como se abría un pasillo entre los manifestantes para facilitar la maniobra. Por estas latitudes, los latinos somos de otra forma, tenemos la sangre más caliente y, terminados los argumentos, todo lo resolvemos con violencia, de la verbal a la física en una espiral que a veces tiene graves consecuencias.

                   Los checoslovacos lograron su propósito, eran mayoría y el férreo sistema comunista (Havel estaba más tiempo en la cárcel que en su casa) no permitía otro tipo de contestación. Nosotros no somos checoslovacos y nuestro sistema político democrático tiene cauces legales para los cambios de Gobierno. La violencia descontrolada de unas minorías puede derivar en graves disturbios que solo servirán para que víctimas inocentes paguen las consecuencias, pero ningún logro político.

sábado, 11 de mayo de 2013

SE EQUIVOCA EL PSOE

Publicado en el Diario de Cádiz, el sábado 11 de Mayo de 2013

LA encuesta del CIS realizada entre el 1 y 8 de abril le da al PSOE una intención de voto del 28,2 por ciento, cinco décimas menos que el 28,7 obtenido en las elecciones del 20N. Prácticamente, en el año y medio transcurrido, no ha logrado recuperar votantes, si acaso, alguna leve mejora temporal para volver a caer a lo que parece ser su suelo.

No contestan o se abstienen un 44,2 por ciento de los encuestados. También el PP se estabiliza en el 34 por ciento, diez puntos menos que en las generales de 2011, pero este desgaste es explicable por su acción de gobierno, forzado a tomar medidas muy impopulares.

Ya sabemos que a dos años y medio de las próximas elecciones generales estos datos tienen un valor relativo y todo puede cambiar y mucho, pero es llamativo que con la que sigue cayendo, los populares continúen con seis puntos de ventaja.

El éxito del PP se debió, en gran parte, a la nefasta gestión socialista y el rechazo que las urnas evidenciaron, pero, aparentemente, el PSOE ha hecho una lectura errónea de lo sucedido y comete dos errores graves que le impiden su recuperación.

Por una parte, mantiene los mismos dirigentes, incluido Pérez Rubalcaba, amortizados en la etapa Zapatero, lo que ha dado lugar a divisiones internas graves al no contar con un liderazgo claro y aceptado por todos. Aparecen nuevos aspirantes a la Secretaría General, y la nómina promete seguir aumentando, el PS de Cataluña hace la guerra por su cuenta, Griñan le entrega Andalucía a Izquierda Unida para conservar el sillón, y como partido líder de la oposición, consciente del escaso apoyo popular, no acaba de definir su política.

Es bien sabido que la alternancia en el Gobierno del PSOE y PP, lo es a base de ganar la voluntad de los indecisos. Cada partido tiene su techo natural, más numeroso en la izquierda, de incondicionales, de lo que podríamos llamar el voto ideológico. Las elecciones las gana quien convence al centro político y no quien se desplaza a los extremos, como está haciendo el PSOE con el resultado de un evidente ascenso progresivo de Izquierda Unida, como ya sucedió siempre que los socialistas se escoraron hacia sus vecinos de la izquierda.

domingo, 5 de mayo de 2013

RECTIFICAR...¿A TIEMPO?

                                   
            Europa sigue inmersa en una profunda crisis económica y política de la que ni los más optimistas se atreven a vaticinar su fin. Un final que se habrá llevado por delante millones de víctimas en personas, empresas e importantes  prestaciones sociales,  de cuya recuperación a niveles de 2008 no se tiene noticia.
        Alemania se sometió a unos ajustes presupuestarios importantes, quizás previendo lo que venía, unos años antes de la crisis, sin apenas haberse recuperado del inmenso esfuerzo económico que supuso su reunificación tras la caída del Muro de Berlín. Mientras, los países del sur seguían con el despilfarro de unas ganancias obtenidas mediante la especulación, sin una base industrial sólida ni un sistema bancario saneado.
         A partir del estallido de las hipotecas “subprime” en los Estados Unidos de Norteamérica a comienzos de 2007, se suceden hechos de extrema gravedad en el sistema bancario internacional, empezando por los propios Estados Unidos, cuya Reserva Federal comienza inyectando 400.000 Millones de Dólares tratando de salvar los muebles, pero no es más que el principio de una interminable cadena de rescates bancarios, quiebras y nacionalizaciones.
         Los impagos de hipotecas en EEUU en marzo de 2007 ya alcanzaban la cifra de seis millones de contratos por un importe de 600.000 Millones de Dólares. La Reserva Federal, el Banco Central   Europeo, el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra acuden al rescate del sistema, pero a la crisis financiera se suma el estallido de la burbuja inmobiliaria, de magnitud muy superior a la vivida en 2001 con “las nuevas tecnologías “.
         La historia vivida por cada uno de los países afectados es de sobra conocida y las tremendas consecuencias para los ciudadanos también. Pero hay un hecho diferencial muy importante: Mientras Estados Unidos, Japón y Reino Unido cuentan con su propio banco central, una única política fiscal y financiera, en la Unión Europea no existe esa unidad fiscal ni financiera y mucho menos una unidad de criterio respecto a la función del Banco Central.
          Casi todos los países de la Zona Euro reaccionaron tarde, por ignorancia o arrogancia, y hoy nos encontramos con países rescatados, sistemas bancarios rescatados, deudas públicas y privadas de dimensiones incontrolables y recortes en prestaciones sociales sobre las clases medias de cada país, donde el desempleo crece sin control y se producen desahucios de viviendas y hasta suicidios de desesperación.  
         Alemania, que se adelantó al resto de países de la Zona Euro, es ahora quien dicta las normas, quien obliga a los países rescatados o en situación precaria a endurecer sus presupuestos con subidas de impuestos y recortes sociales.
         La receta impuesta por Bruselas para la reducción de la deuda acumulada, tiene dos vías: aumentar los ingresos a través de los impuestos y disminuir el gasto de las partidas presupuestarias más importantes, es decir recortes en educación, sanidad o prestaciones sociales.
          Los resultados están a la vista. Después de unos años de seguidismo de estas políticas impuestas, es cierto que se ha reducido el déficit presupuestario y la deuda pública, pero no en la proporción y a la velocidad que se esperaba y, a cambio,  se ha producido un aumento incesante del desempleo y de la pobreza, la destrucción de empresas y la emigración de los jóvenes mejor preparados a países de economías con tasas importantes de crecimiento.
          Desde siempre, pero ahora mucho más, hay voces que claman por un cambio de estas políticas de austeridad, o al menos hacerlas convivir con políticas de creación de empleo, de estimulo al desarrollo, al crecimiento y no a la recesión económica, políticas que atraigan inversores y empresas.
         Bien es sabido que el dinero acude, y acude masivamente, allá donde su rentabilidad sea máxima.
         Las cosas han llegado a un punto en el que solo gracias a la economía sumergida,  en proporciones cercanas el treinta por ciento del PIB, las subvenciones al desempleo y la solidaridad de familias y organismos no gubernamentales, mantienen a la sociedad empobrecida-
        Las leyes que regulan las relaciones laborales, una política fiscal menos gravosa para las empresas, periodos de carencia para nuevas inversiones, medidas favorecedoras  para la creación de empleo, deben ser ahora prioritarias en las políticas de los países que más sufren la crisis.
        Solo la unidad de criterio y acción de países como Francia, Italia, Portugal y España, frente al inmovilismo germano, puede dar resultados en esa dirección, sino seguiremos siendo países subsidiados a merced de quienes han comprado nuestra soberanía. El paro no crecerá mucho más, pero si la emigración, la economía sumergida, la pobreza…hasta donde la sociedad sea capaz de aguantar sin que líderes populistas  impulsen revueltas y actos de desobediencia civil.
        Urge la aplicación de políticas de desarrollo, si aún estamos a tiempo.