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sábado, 2 de agosto de 2014

LIBRES E IGUALES

Publicado en el Diario de Cádiz el sábado 2 de Agosto de 2014.


       Acabo de recibir una invitación para asistir a la presentación de “Libres e Iguales”, (www.libreseiguales.es), un grupo de periodistas, escritores y de diversas  profesiones que, el pasado 15 de julio presentaron en Madrid un Manifiesto titulado. “España vive un momento crítico”.

       “España es hoy un Estado a la defensiva y en sus élites prevalecen el tacticismo y la resignación” declaran, para añadir: “Los abajofirmantes, ciudadanos radicalmente comprometidos con los principios constitucionales de la libertad y la igualdad, entendemos que es imprescindible abrir un debate público que informe y comprometa al conjunto de los españoles. Nosotros asumimos la responsabilidad y pasamos a la acción”.

      Piden a los partidos políticos que demuestren su compromiso con los principios de libertad, igualdad, justicia y solidaridad y pasen de las teorías a los hechos.

      Durante demasiado tiempo, los únicos que se manifestaban públicamente eran los partidos y movimientos que pretenden la destrucción de España, bien desde los nacionalismos excluyentes o el advenimiento de sistemas políticos modelo venezolano.

      La irrupción, primero como movimiento y más recientemente como partido político, de “Ciudadanos”, precisamente en contraposición a los separatistas catalanes, abrió un rayo de esperanza a esa indolente y pasiva “mayoría silenciosa”.

      La “Sociedad Civil Catalana”, más recientemente y en el mismo escenario, viene a confirmar que quienes se sienten catalanes y españoles encuentran, tras larga espera, cauces de expresión para manifestar libremente sus ideas.

      “Libres e Iguales”, según su manifiesto, no viene a competir con ninguno de estos movimientos, no aspira a convertirse en partido político, sino más bien a sumar esfuerzos y extender a toda España la respuesta adecuada “al secesionismo catalán que se hermana con el populismo antieuropeo y promueve la derrota de la democracia española”. 

      “Libres e Iguales” nos pide a los españoles “asumir nuestra responsabilidad y pasar a la acción”, como ellos mismos hacen.

domingo, 7 de abril de 2013

CORRUPCIÓN Y TRANSPARENCIA

                                                       
             La enorme cantidad de escándalos de corrupción que afecta a los políticos del país amenaza con dar el salto a otros estratos de la sociedad española. Un periodista con cierto reconocimiento público amenaza con desvelar más nombres implicados en uno de los asuntos que está siendo sometido al juicio público y a la espera de que la Justicia siquiera comience a detener y encarcelar, si procede, a los responsables.
            En este y en casi todos  los demás casos  de corrupción, la lentitud de la acción de la Justicia y la negativa de los responsables políticos a descubrir y depurar responsabilidades internas, lleva, indefectiblemente a la situación actual de juicios populares paralelos, amenazas de desvelar posibles implicados entre políticos, periodistas, banqueros…
            Vivimos en una continua amenaza de nuevas revelaciones que cada vez abarquen a más personajes, de más alta responsabilidad, más sorprendentes, de más  estamentos y colectivos sociales. No hay claridad ni transparencia en ninguno de estos procesos, ni en el que afecta a la Monarquía, ni los que se refieren a los dos partidos mayoritarios, a los partidos catalanes, a los sindicatos…
            La financiación de partidos políticos, sindicatos y patronal, en buena parte subvencionadas por los presupuestos del Estado, necesita una regulación y transparencia que no se da en nuestro país y origina situaciones de corrupción como las que estamos viviendo.
            Es exigible que nuestros políticos hagan un ejercicio de depuración de responsabilidades de manera urgente y publica para tratar de recuperar la credibilidad perdida. Una encuesta sobre intención de voto publicada hoy, indica que la suma de los votos obtenidos por el Partido Popular y el PSOE, no llegarían ni al cincuenta por ciento, lo que es el resultado de la caída en los índices de popularidad de estos dos partidos, desde la masiva aparición de casos de corrupción.
            O estos partidos proceden de forma inmediata a esa referida depuración y transparencia, o serán otros los que vendrán a ocupar ese vacío, y al decir otros podemos intuir una ascensión de los extremistas de uno u otro signo, de los populistas y demagogos, de líderes carismáticos erigidos en salvadores de la Patria…los peligros que acechan a nuestra democracia son muchos y de incalculables efectos.
            La calle es tomada un día tras otro por “indignados”, parados, anti-desahucios y colectivos más o menos numerosos, y más o menos violentos, cuya mas reciente versión son los llamados escraches o acoso personal en domicilios privados de políticos de derechas (cuando escribo este artículo, se desconoce que se haya producido un hecho semejante en Andalucía u otra comunidad donde gobiernen otros partidos), a veces incluso con la presencia de hijos menores del acosado, lo que implica  evidentes peligros para la integridad física de las personas.
            La progresión creciente de estos casos de corrupción, la falta de decisión de los colectivos afectados para la depuración ejemplar de responsabilidades, la lentitud de la justicia, las manifestaciones callejeras no exentas de violencia, y la cada vez más deteriorada situación económica, puede derivar en la aparición de líderes populistas de escasas garantías de equidad y valores morales que sean peores que lo que se pretende corregir. Para evitarlo, los partidos democráticos, sin pérdida de tiempo, deben acometer las reformas necesarias e imprescindibles  que den un vuelco a la situación o todos lo lamentaremos.

sábado, 2 de marzo de 2013

BRITA Y LOS ESPIAS

 Publicado en el Diario de Cádiz el sábado 02 de febrero de 2013



La actualidad obliga a cambiar de tema. Tenía escrita mi columna del sábado, la titulaba 'Depardieu españoles' y hablaba de las actrices y actores como Candela Peña, Maribel Verdú, Javier Bardem y Sergi López, cuyas vidas públicas y privadas (todo lo hacen público para cobrar exclusivas) no se corresponden con lo que predican desde los escenarios en los que reciben premios, incluso utilizando la mentira o descontextualización de los hechos.

Vistos los resultados de las recientes manifestaciones promovidas por la llamada 'Marea Ciudadana' que terminó con 40 heridos y 45 detenidos en Madrid, entre los que abundan menores de edad y personas con antecedentes delictivos, la participación en ellas de todos los partidos de izquierdas y las arengas de sindicalistas y políticos a "tomar la calle", me decidía a escribir una segunda columna: 'La calle es mía'.

Entonces suena el teléfono, es Brita, me llama desde Oslo: "Jaime, ¿qué es ese escándalo de los espías? La prensa noruega lo saca en primera página". No pudo asistir a mi conferencia de ingreso en el Ateneo de Cádiz, 'Los Servicios de Inteligencia' y tengo que resumirle.

En primer lugar, le digo, reivindico la palabra "espía". No tiene el significado peyorativo que habitualmente, por ignorancia, la sociedad y los medios le otorgan. El agente secreto, el espía, es un idealista que arriesga muchas cosas importantes de índole personal por prestar un servicio a su país para el que muy pocos sirven y están dispuestos.

Las agencias privadas de detectives están regidas por leyes y normas que establecen límites a su actividad que, habitualmente, no suelen sobrepasar. Estas agencias son comerciales, es decir, su actividad es remunerada, existe un contrato, un cliente. Su trabajo se centra en la obtención de pruebas que sirvan de apoyo legal a quien le paga. Una conversación, unas fotos, y un informe sobre personas de interés para el caso puede ser un buen trabajo de una agencia privada.

El que paga, persona u organismo, es el único que tiene acceso al resultado de su trabajo y, llegado el caso, utilizarlo en los tribunales. Lo que está pasando, lo anormal, es que esa cadena de confidencialidad, por dinero o intereses políticos, ha sido quebrantada.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

LAS CARGA EL DIABLO


(Publicado en el Diario de Cádiz el 3 de Marzo de 2012 a raiz de unas manifestaciones muy violentas en Valencia y Barcelona de estudiantes y agitadores profesionales, que fueron manipuladas burdamente por algunos medios y políticos)


            Desde que empecé en esto de escribir en la prensa, hace ya unos años, me puse una  línea roja absolutamente invulnerable: no publicar ni un solo párrafo, referido a un hecho concreto,  cuyo contenido no haya sido previamente comprobado y, a ser posible, por diversas fuentes.


            No voy a dar lecciones a nadie, y me consta que los periodistas profesionales no las necesitan, pero en las mismas páginas donde publico, leo, a veces, columnas de opinión, narrando acontecimientos concretos que, desde mi punto de vista, están poco documentadas, a veces con una descripción  tendenciosa de los hechos  y, en muchos casos, directamente manipuladoras.


            Sabedores del efecto que muchas veces tienen sobre la opinión pública las opiniones de personas conocidas, y hasta con un determinado prestigio, algunos políticos olvidan que las páginas de un periódico no son la plaza pública y aunque el responsable de lo que se escribe no es otro que su autor, no debería aprovecharse la generosidad del medio para el adoctrinamiento partidista.


            Lo que se espera de estas personas son opiniones fundamentadas, serias y responsables, y cuando relatan algunos hechos, que el relato se corresponda con la realidad contrastada. 


            Todas las opiniones son respetables, excepción hecha de quien defienda actitudes de violencia de algún tipo, cuando quien la emite lo hace desde el convencimiento, cuando reflejan los pensamientos sinceros del que opina, por muy dispares que sean con las nuestras. No son cuestionables las ideas y las manifestaciones de quienes no coinciden sinceramente con nosotros.


            Lo que no admite, desde luego, ninguna interpretación, son los hechos. Ahí no se permite el devaneo, la intencionalidad, el engaño. Las cosas pasan de una determinada forma y no de varias. No se pueden narrar hechos acontecidos, en los que no hemos estado presentes, por referencias ajenas no exentas de intencionalidad. Si no se tiene una información contrastada de lo sucedido es preferible obviarlo antes que contar lo que no fue.


            No estoy teorizando, me refiero a hechos concretos que suceden cada día y que, según quien los describa, parecerán una cosa u otra. Eso se llama desinformación y se convierte en un arma política porque crea opinión, convence de determinado perfil de ciudadano que no investiga la realidad de los hechos y admite como cierto todo lo que aparece en los medios de comunicación, incluida Internet. Que lo hagan los partidos políticos, faltando a la verdad, no es ético, pero es parte del “juego político” (¿Se llamará así porque juegan con los ciudadanos?). Lo que no es admisible es que lo hagan quienes luego presumen de mantener una postura neutral y crítica con los errores de unos y otros.


            Ya se que todo seguirá igual y quien escribe con una idea fija lo seguirá haciendo, fiel a una ética muy personal, a sabiendas de lo que hace y con la intención que lo hace. Incluso si con ello se echa una mano al deterioro de la paz social de la que hemos disfrutado los españoles, a pesar de la que está cayendo, durante los últimos tres años, y que vemos ya alterada día si y otro  también.


Se anuncia, por sindicatos y partidos de la oposición al Gobierno, un “otoño caliente”, sin medir las consecuencias de imagen exterior que tanto y tan gravemente puede perjudicar a España. Hay medios, tertulianos y agitadores profesionales, que jalean las revueltas y justifican a sus promotores, naturalmente que mientras no vayan contra ellos, pues cuidadito, que las carga el diablo. Los grandes incendios empiezan por una pequeña chispa. Luego, cuando crece, se hace incontrolable. Por favor, no jueguen con fuego.

miércoles, 25 de julio de 2012

LA SOCIEDAD CIVIL (y II)


  (Publicado en el Diario de Cádiz el 17 de Abril de 2009)

“Conjunto de organizaciones e instituciones cívicas voluntarias y sociales que forman la base de una sociedad activa, en oposición a las estructuras del estado y de las empresas”… “aunque no tienen por qué ser necesariamente políticas suelen tener influencia en la actividad política de la sociedad de la que forman parte”.

Si ha tenido la paciencia de leer mis dos anteriores artículos en estas páginas, se dará cuenta de cual es el objetivo de esta, por el momento, última entrega. En la primera, ya lejana en el tiempo, “De profesión: Político” hablábamos de nuestra clase política en un tono ciertamente pesimista. No cabe esperar demasiado de quienes hacen de tan noble ocupación un medio de vida, de buena vida, anteponiendo los intereses partidistas y propios a los de la sociedad a la que dicen servir.

             En el artículo anterior quisimos trasladar al lector lo que consideramos los fundamentos de una sociedad y como, por lo general, en el mundo anglosajón cuidan y potencian determinados valores que les han llevado a alcanzar puestos destacados en el conjunto de las naciones.

           ¿Tenemos derecho a ser conformistas y pasivos? ¿Es este el país que queremos dejar en herencia a nuestros hijos y nietos? Ciertamente que no. Al menos una buena parte de esta sociedad civil va tomando conciencia de que la pasividad, el mirar para otro lado, solo conduce a empeorar la situación y, siguiendo a Murphy: “Si algo puede empeorar…..”

             Hace muy pocos años, España era ya un país de conformistas. Nadie se quejaba de nada, ni en un restaurante, o un hotel o cualquier otro servicio deficiente del que éramos victimas. Aquello cambió, afortunadamente, gracias a la aparición de organizaciones de consumidores. Nos enseñaron a reclamar lo que considerábamos que era justo, rellenar hojas de queja y en general, perder el respeto humano que nos impedía ejercer nuestros derechos. En ese campo hemos avanzado aun más. Leemos en la prensa, con relativa frecuencia, como reciben indemnizaciones cuantiosas, victimas de accidentes, cuya culpa es achacable a un deficiente estado de conservación del pavimento, una mala señalización o cualquier negligencia de quienes son responsables, en última instancia, del percance, sea público o privado. La primera vez que visité los Estados Unidos, me llamaron la atención unas señales amarillas que advertían de “suelo resbaladizo” mientras una limpiadora pasaba humedeciendo el suelo. Pensé que se trataba de un gesto de buena voluntad. Alguien me sacó de mi error: “No puedes imaginar las indemnizaciones que obligan a pagar si alguien resbala y no ha sido advertido”

               Si hemos sido capaces de “perder la vergüenza” y reclamar lo que consideramos justo, ¿por qué no hacer lo mismo respecto a nuestros representantes políticos?. Nuestros votos a un programa político es el  precio que pagamos. A partir de ese momento es nuestro programa, bien que nos lo han “vendido” durante la campaña electoral. Tenemos derecho a exigir su cumplimiento, que no nos lo cambien a mitad de camino, o lo adulteren o, simplemente, como es lo más habitual, se olviden de lo prometido, lo ignoren y nos ignoren.


             Si decimos que las “organizaciones de consumidores” nos enseñaron a exigir nuestros derechos como consumidores de bienes, “la sociedad civil”, tal como es definida al inicio de este artículo, es decir, la “base de una sociedad activa” que debe “tener influencia en la actividad política de la sociedad de la que forma parte”.

                Articular esa “sociedad civil” es la cuestión. Crear esas “organizaciones e instituciones cívicas voluntarias y sociales” es la tarea, pero en contra de lo que podamos pensar, tenemos más de la mitad del camino recorrido. Existen y funcionan aceptablemente bien “asociaciones de vecinos, de barrio o de distrito”, clubes e instituciones de todo tipo, “colegios profesionales”, “organizaciones no gubernamentales”, “fundaciones”, “asociaciones de padres”, “de victimas”… y un largo número de instituciones independientes dedicadas a las más diversas actividades.(Observe el lector que para nada hemos nombrado a los sindicatos, al ser subvencionados y por tanto dependientes). Todas ellas cuentan con personas activas que se responsabilizan de su funcionamiento a satisfacción de sus componentes, pero falta dar un paso más, o mejor dicho, dos. En primer lugar deben unir esfuerzos, definir intereses comunes, buscar elementos de unidad, contactar, comunicarse, crear conciencia colectiva. Y, lo más importante, hacerse presentes en la vida publica, en la política activa, como un elemento de control y exigencia a nuestros representantes del cumplimiento de sus propuestas electorales.


              Cuando ocurre un hecho extraordinario que toca las conciencias de la sociedad, es frecuente que, a iniciativa de los más afectados, se recojan firmas pidiendo alguna modificación legislativa. No importa que el número de firmantes, ciudadanos anónimos, alcance cifras millonarias. El efecto es, ha sido hasta ahora, nulo. Los políticos saben que la fuerza de estos movimientos “anónimos y desorganizados” es como la de una gaseosa (con todos mis respetos a sus promotores y firmantes). ¿Sería lo mismo de tratarse de un numeroso colectivo, con influencia en un sector significativo de la sociedad? Pues ¡manos a la obra!

miércoles, 18 de julio de 2012

LA SOCIEDAD CIVIL (I)

(Publicado en el Diario de Cádiz el 14 de  Abril de 2009)

              Hace unos días recibí un correo, “Que hace la diferencia” se titula, y es de esos pocos que transmiten algo, que son portadores de mensaje, que hacen pensar. Seguro que muchos lo habrán recibido y, si han tenido la paciencia abrirlo, coincidirán conmigo en su argumento:

              Plantea la abismal diferencia en el desarrollo de determinados países, y analiza las causas, desechando sucesivamente que estas sean, las riquezas naturales (Japón no las tiene y es la segunda economía mundial),  la antigüedad (La India o Egipto son milenarios, Australia apenas cuenta con 150 años), la situación geográfica (Suiza, sin mar, cuenta con una importante flota), ni siquiera la inteligencia de sus naturales (jóvenes estudiantes de países pobres emigran y triunfan en el llamado primer mundo).

Entonces, ¿Qué hace la diferencia?: La ACTITUD.

           En esos países, que los autores del estudio ponen como ejemplo, esa ACTITUD se refleja en intangibles como: La Ética en los comportamientos, La Integridad, La Responsabilidad, El deseo de Superación, El Respeto a las Leyes, El Respeto a los derechos de los demás y El Esfuerzo por mejorar, como valores que la mayoría defiende y respeta.


             Entiendo que en España hemos pasado por casi todo, y si nos remontamos a la situación heredada de una guerra civil, concedamos el merito material que le corresponde a aquellas generaciones, que en una situación de aislamiento internacional y escasos recursos, tuvieron el mérito de reconstruir económicamente un país destrozado. Más tarde, con infraestructuras muy mediocres todavía, se potenció lo que en aquellos años se considero la “primera, y casi única, industria nacional”, el boom turístico.


           El turismo y el trabajo bien hecho de muchos españoles consiguió lo que se conocía en todo el mundo como “el milagro español”.

            Llegó la democracia y el ingreso en Europa, tras mucho esfuerzo colectivo para ajustar los parámetros de nuestra economía. Manteniendo las altas cotas alcanzadas en nuestra primera industria, la turística, se desarrollan otras, pero la que da el impulso definitivo a nuestro desarrollo económico es la inmobiliaria. Ahí batimos record europeo y casi mundial, la construcción  y otras industrias relacionadas, llega a ser, nada menos, que el nueve por ciento de nuestro PIB.

            Todo hacia pensar que el “milagro español” no tenia fin, éramos ya  la octava potencia industrial del mundo, nuestras principales industrias establecidas en muchos países, el año de oro de nuestros deportistas y nuestro Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con la crisis mundial asomando ya las orejas, echándole el aliento en la nuca a sus homólogos italiano y francés y amenazándoles con un inminente “surpasse”.

            Lo que nos ha venido encima lo conocen de sobra mis pacientes lectores en carme propia o próxima, no hace falta incidir más. Ni siquiera merece la pena repetir eso de que “lo peor está por llegar”, aunque, entonces,  nuestro optimista presidente hablara de empezar la remontada en marzo. Ni hacer más sangre exponiendo, por ejemplo, nuestros records en la creación de parados, a pesar de la promesa presidencial de dos millones de nuevos puestos de trabajo durante la campaña electoral.

            Si crecimos tan espectacularmente en lo económico, por encima de otros países europeos, y ahora la caída  es también espectacular es únicamente por una razón: Nunca, nadie con responsabilidad, ningún gobernante, en ninguna etapa de ese espectacular desarrollo se ocupo de poner las bases, lo que podríamos considerar los cimientos de un país, a lo que nos hemos referido al principio de este artículo, la ACTITUD.

              Se ha construido un país con pies de barro y así, cuando vienen mal dadas, no estamos preparados. Se ha fomentado la cultura del pelotazo, del dinero fácil, del éxito efímero. Se ha encumbrado a lo más alto de la sociedad a personas sin preparación, sin formación, SIN VALORES ETICOS, sin más mérito que estar en el sitio adecuado en el momento propicio.

              De esos elementos que los autores del estudio valoran como fundamentales, de esos que “hacen la diferencia”, de eso,  muy poco.

             Ahora, cuando la situación es dramática, la sociedad (o una parte sensible de ella) se hace consciente de que lo fundamental, lo que constituye el ser o no ser de un país, se ha abandonado o transferido, no se le ha dado importancia, ni siquiera cuando las estadísticas de organismos internacionales  o publicaciones de prestigio nos vienen advirtiendo reiteradamente.  

              “No es esto, no es esto”, clama una sociedad civil defraudada. ¿Demasiado tarde? Tarde no se, el tiempo escapa al control humano, pero difícil si, muy difícil. Entre todos, con nuestra indeferencia y abandono, hemos creado un gigante con pies de barro.

Desde hace algún tiempo, una parte de esa atónita sociedad se desgañita gritando que hemos perdido los valores, que la sociedad actual es materialista hasta el extremo y carece de todos esos valores que hemos enumerado al principio y que los autores del estudio tanto ponderan.

            El escocés Adam Smith, ya en 1776, en su obra “La riqueza de las Naciones” argumenta que esta no proviene de los recursos materiales de que se disponga, sino del trabajo humano. El padre del liberalismo económico, contra la idea de sus detractores que ahora abundan, no es, según su traductor, el profesor Rodríguez Braun, un paradigma del “capitalismo salvaje”: es un moralista preocupado por las reglas que limitan la conducta humana”. En definitiva volvemos al centro de la Creación: el ser humano.

¿Y ahora qué? Pues ahora toca hacer lo que no se ha hecho. Es urgente que la sociedad civil tome la iniciativa o nadie lo hará por ella.

            Y termino con una frase con la que también concluye el  mencionado estudio: “Si esperamos que el Gobierno solucione nuestros problemas, esperaremos toda la Vida”