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sábado, 13 de febrero de 2016

POR ALUSIONES

Publicado en el Diario de Cádiz el sábado 13 de Febrero de 2016


                      Una reciente carta al Director, firmada por un compañero de la Armada, plantea la pregunta de si  no procedería la aplicación del Art. 8º de nuestra Constitución, en lugar del 155º, en el caso de un real y efectivo intento de secesión de Cataluña.
Lo que plantea nuestro compañero, de José Ramón del Rio y mío, a quienes cita expresamente, es la intervención de las Fuerzas Armadas, a las órdenes de nuestro Rey Felipe VI, para abortar cualquier intento de secesión de una parte del territorio nacional.
No puede quedar sin respuesta tan importante reflexión y por mi parte voy a decirle lo que pienso al respecto:
La Constitución española de 1978  en su Título Preliminar Art. 2º lo deja muy claro: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española”, indiscutible, mientras no se llegue al consenso necesario para cambiarlo.
El 155: “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones es decir, es el momento de la Justicia, la Justicia en toda su amplia capacidad de actuación, hasta la detención, si fuera necesario, de los promotores de la secesión.
Por último, y rigurosamente en este mismo orden, en el Título Preliminar Art. 8º:”Las Fuerzas Armadas, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.”, que sería de aplicación, llegado el indeseable momento en el que la Justicia, aplicada con todo rigor y hasta sus últimas consecuencias, no lograran paralizar el intento independentista.
Cuarenta años de un terrorismo brutal y sanguinario, gracias a la firmeza y fortaleza de los sucesivos gobiernos españoles y autonómicos y, naturalmente, del pueblo vasco, no han logrado su objetivo independentista. Cada momento y circunstancia tiene su resolución, creamos en nosotros mismos, España es una gran Nación, seamos optimistas.

sábado, 15 de agosto de 2015

LAS ESPAÑAS



          Quienes no conocen la Historia de España, de los Reyes Católicos a Carlos IV, no entienden ni asumen la antigüedad de la nación española. Creen que comenzó en Cádiz en 1812. El primer imperio global de la historia de la humanidad involucró a todas las Españas” Asegura el historiador Manuel Lucena.


         Pero no son esas “las Españas” que me preocupan hoy, ni siquiera a las que Antonio Machado recitaba en Campos de Castilla: Españolito que vienes al mundo / te guarde Dios / una de las dos Españas / ha de helarte el corazón. “de las que ya hablé en julio de 2010 en un artículo publicado en el Diario de Cádiz que titulaba “Las dos Españas”.

         Me refiero a las 17 Españas en que han devenido las 17 autonomías de nuestra Constitución del 78. Ninguno de los “padres” de la Constitución, estoy seguro, podía imaginar que pasado el tiempo, el sentido unificador de las diferencias que se proponía, no solo no se ha logrado, sino que estas son cada vez más grandes y significativas y, llegados a este punto difícil se antoja reconducir el sistema.

         Siendo realistas, la necesaria, por muchos conceptos, reforma de la Constitución, para tener una aceptación mayoritaria, sobre todo en las autonomías que han asumido un mayor grado de competencias, más que retornar al gobierno central lo que ya se ha transferido, sobre todo en educación y sanidad, debe tratarse de evitar las duplicidades o triplicidades de competencias, lo que hace al sistema enormemente  más caro e ineficaz para todos.

         La propuesta podría pasar por darle el verdadero contenido y competencias a nuestro Senado, al estilo del Bundesrat alemán o el Senado norteamericano, países ambos de estructura federal donde la igualdad entre todos los ciudadanos en derechos y obligaciones está garantizada. Sus cámaras de representación territorial, donde cada estado tiene un número de representantes proporcional a sus habitantes, tiene verdadero poder regulador de competencias y no es el gobierno central quien lo hace, y contra quien todos reclaman,  sino las propias autonomías a través del Senado. Unas se controlan a otras garantizando lo que realmente es importante: la igualdad entre todos los españoles.

jueves, 6 de agosto de 2015

REFORMA CONSTITUCIONAL, BRINDIS AL SOL



              Escribo cada semana artículos de opinión donde expreso, con mayor o menor acierto y claridad, lo que pienso sobre temas de actualidad. Hoy, fundamentalmente, se trata de informar, no a Vds. queridos lectores, a quienes supongo suficientemente conocedores de nuestra Constitución de 1978 como para no caer en las simplezas de algunos políticos en activo (es un decir).
           Sin entrar en ningún tipo de concreciones, el PSOE basa su solución de la situación catalana en una reforma de la Constitución de 1978 transformando España en un Estado Federal. La Constitución prevé en su articulado los mecanismos para su reforma: La Constitución determina que la decisión de efectuar una reforma de las indicadas en el art. 168.1 ha de ser aprobada por mayoría de dos tercios de cada Cámara.
         En caso de que el principio de reforma constitucional sea aprobado por la citada mayoría en ambas Cámaras, se ha de proceder a la inmediata disolución de las mismas. Las Cámaras elegidas a continuación deben primero ratificar la decisión, para lo cual se exige una mayoría simple a favor de la reforma en el Congreso  y mayoría absoluta en el Senado.
Después han de proceder seguidamente al estudio del texto del proyecto o proposición de reforma constitucional, que debe ser aprobado en ambas Cámaras por mayoría de dos tercios (2/3). Una vez aprobada por las Cortes Generales ha de ser sometida la reforma a referéndum para su ratificación.
          Es decir, cualquier iniciativa por parte de un solo partido político para una reforma de calado de la Constitución de 1978 es un imposible, así que cuando Pedro Sánchez se ofrece como "solucionador" de la cuestión catalana, mediante una reforma constitucional que nos lleve a un Estado Federal asimétrico, es como si estuviera ofreciendo la luna. Ni el PSOE, ni el PP ni ninguno otro partido puede hacer nada por sí solo.
          Está bien que equipos de expertos "constitucionalistas" estudien su articulado e incluso propongan las modificaciones, algo que ya hizo en 2013, el Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad San Pablo – CEU que dirige José Manuel Otero Novas en su obra “Recuperar España. Una propuesta desde la Constitución” para la que contó con la colaboración de numerosas “personalidades del pensamiento o de la vida política de las que recibieron aportaciones plurales en sesiones especiales y separadas”, como Francesc de Carreras, Soraya Sáez de Santamaría, José Bono, Enrique Álvarez Conde, Pedro González Trevijano y hasta la treintena de aportaciones externas. Un trabajo hecho desde la experiencia y el conocimiento que duerme el sueño de los justos en los cajones de muchos políticos españoles.
          Cualquier reforma en ese sentido debe, forzosamente, partir de propuestas concretas, consensuadas con otras fuerzas políticas dispuestas a seguir el complejo proceso descrito más arriba.
          Más sentido tiene la propuesta de Albert Rivera: “Un pacto con PP y PSOE para reformar España”, al menos, si llegan a un consenso, primero sobre lo que hay que reformar y segundo sobre cómo, solo estarían a un paso de lograr el objetivo, un paso nada fácil: el referéndum.
           Que quieren que les diga, soy pesimista, no estamos en la transición de los setenta, cuando desde la derecha a la izquierda, pasando por los nacionalistas vascos y catalanes, lo que querían era terminar con un régimen autoritario e implantar una democracia donde todos tuvieran cabida. Había miedo a que el ejército obstaculizara o se opusiera al proceso, no había más interés que salir de aquello de forma pacífica, sin que las lógicas discrepancias pasaran a primer plano. Había que ceder por todas partes para que, ante un posible impasse, los poderes fácticos no tuvieran la tentación de recuperar la dirección del país.
          No estamos en eso, España, la democracia española, ha transformado a nuestra sociedad, y el ejército, tras la vacuna del 23 F, asume su función de garante de la seguridad exterior e interior del país, a las órdenes del ejecutivo.
          La dificultad está, en primer lugar, en el acuerdo entre partidos. Cuando cada uno de ellos habla de reforma constitucional lo hace en referencia a cuestiones diferentes por lo que el acuerdo se antoja difícil. Si el consenso en temas como la sucesión a la corona, podría fácilmente acordarse, nada hay que hacer en cuanto se pretenda modificar la cuestión territorial y las competencias transferidas. Las tensiones de una y otra parte, las centrípetas de algunos partidos nacionales y las centrífugas de los nacionalistas periféricos son en esto irreconciliables. Se ha ido demasiado lejos y ahora el regreso a la racionalidad se antoja muy difícil.
         No ya reformar la Constitución, hasta gobernar, tras las próximas elecciones generales, va a requerir el acuerdo entre dos o tres partidos. El PSOE, como ha hecho en las elecciones autonómicas y municipales, es capaz de pactar con quien haga falta, su objetivo, repetido hasta la saciedad, es desalojar al PP del gobierno. 
          Nulas son pues sus promesas a los independentistas catalanes de reformar la Constitución sin el concurso de los populares. No se puede estar a la vez rechazando y combatiendo, a cualquier precio, al Partido Popular para, a reglón seguido, negociar imprescindiblemente con ellos una reforma constitucional.
La política puede ser “el arte de lo posible”, pero a veces los políticos se empeñan en proponer lo imposible. ¿Es que no se paran un momento a estudiar la viabilidad de sus propuestas?  Ofrecer reformas constitucionales, cuando no se ha dado ni un solo paso en el camino del consenso previo, es solo un brindis al sol.

sábado, 5 de octubre de 2013

LA CAJA DE PANDORA



               Hay mucho miedo, entre los políticos y también en la ciudadanía, a lo que suponen seria como abrir la Caja de Pandora, acometer una reforma en profundidad de nuestra Constitución de 1978.

Esta Constitución ha batido todos los records de vigencia respecto a sus predecesoras, nada menos que 35 años, sin apenas enmiendas, si acaso algo cosmético de urgencia.

Resulta que en el 78 no pertenecíamos a la Unión Europea, lo que introduce un factor muy importante en cuestiones económicas, pero también políticas y de soberanía.

Resulta que la cuestión sucesoria a la corona no está resuelta, ni desarrollada la norma de interinidad.

Resulta que la cuestión territorial no aguanta más el modelo autonómico y, de hecho, en este capítulo la realidad actual contradice gravemente, y en muchos aspectos, lo previsto en la Carta Magna, gracias a unos Estatutos de Autonomía, modificados a su vez por unas segundas versiones.

Resulta que la Ley Electoral y el funcionamiento interno de los partidos políticos están obsoletos y son causa de tremendos desajustes democráticos, habiendo llegado a ocupar un lugar de privilegio entre las preocupaciones de los españoles, inmediatamente detrás de la crisis económica.

Resulta que el Senado, además de no servir para nada, sale muy caro. Si al menos fuera la Cámara Territorial que se pretendía.

Tengo en mis manos un libro:”Recuperar España. Una propuesta desde la Constitución” editado por el Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad CEU San Pablo. Se trata de un trabajo elaborado por prestigiosas personas de la política, la judicatura y la universidad, con colaboraciones abundantes e igualmente prestigiosas.

  En 2008, el Aula Política terminó y editó en “La España necesaria” (Editorial Universitas – http://www.universitas.es) un profundo estudio sobre la organización territorial del Estado español, razonando la necesidad de una Reforma Constitucional que abordara esta importante cuestión.

A partir de 2008, inicia el estudio que culmina en 2013 con “Recuperar España”, en el que se proponen, artículo por artículo, nuevas redacciones, incluidos los referidos a la estructura del Estado.

Dicen los responsables del estudio, en su apartado, “No a la Revolución”:

“Aunque dijo Aristóteles que los sistemas políticos evolucionan degenerando y frecuentemente concluyen en la Revolución, no solo por respeto a la Ley, nos gustaría que se mantuviera en todo lo posible la solución de consenso… evitando así los enfrentamientos entre españoles”

Proponen fórmulas de “modus operandi” similares al seguido en Francia en 1958 cuando se pasó pacifica y legalmente de la IV a la  V República.

La cuestión es que estos procesos reformistas del sistema político han de ser abordados con el consenso de las fuerzas políticas. Sería necesaria una segunda transición, y las reformas constitucionales necesarias, en un clima político de tranquilidad y con la garantía de que se dispondrá del tiempo que requiera.

He oído también a quienes les da miedo de iniciar un proceso pactado de la Reforma Constitucional y lo equiparan a la apertura de la Caja de Pandora, amenazando a nuestra convivencia con todos los males.

Estamos, pues, entre dos posibilidades: el deterioro democrático que Aristóteles, padre de la lógica, aboca a la Revolución, o un proceso consensuado entre todos los partidos políticos que, aun a riesgo de abrir la Caja de Pandora, permita una transición al estilo francés de 1958.

El problema hoy es que los políticos no dan señales de querer arreglarlo, o peor aún, lo quieren arreglar cada uno a su manera. Se ve que aun no son conscientes de los peligros que nos acechan. Aun no tienen miedo de que se les vaya de las manos. Ojalá reaccionen a tiempo.