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sábado, 12 de noviembre de 2016

MALOS PADRES

Publicado en el diario de Cádiz el sábado 12 de Noviembre de 2016


            Ser padres no debe ser nunca una actitud irresponsable. Es más bien una grave responsabilidad que asumimos por el hecho de traer un nuevo ser a este mundo. Un ser que en buena parte será, en su edad adulta, la componente de muchos factores, uno de los cuales, sin duda y en mayor medida, le corresponde a la educación que los padres hayamos querido y logrado inculcarles.

         En estos días, una niña de apenas doce años ha fallecido como consecuencia de una exagerada ingesta de alcohol en uno de esos botellones exentos de vigilancia paterna o policial, esa especie de territorio salvaje que para comodidad de autoridades municipales e inhibición de los padres existen en buen número de ciudades y pueblos españoles. Era la tercera vez que la niña se excedía y nadie puso remedio.

         Ejercer la autoridad paterna o cívica es incómodo, exige dedicación, preocupación, tomar decisiones incómodas que van a ser contestadas de inmediato por los destinatarios. Es más cómodo dejarles hacer, aunque pueda, como en este caso, llevarlos a la muerte.

         Ser padres es otra cosa, es no acostarse hasta que llega sano y salvo el último de tus hijos, es molestarte en llevarlos y traerlos a fiestas o reuniones nocturnas, aunque tengas que madrugar para trabajar al día siguiente.

         Luego, naturalmente hay factores como las amistades o la personalidad de cada uno, que con la educación que padres y profesores hayamos inculcado terminarán de configurar su personalidad.

         No es fácil ni cómodo muchas veces, pero el sacrifico y el trabajo responsable da frutos, nos da una recompensa impagable: ver a nuestros hijos, ya adultos, devolvernos con creces de amor y respeto todos esos sacrificios.

         Puede haber factores que hagan inútiles esos sacrificios paternos, como suelen ser en la mayoría de los casos las “malas compañías”, pero aun en esos casos nuestros hijos, que han recibido una buena educación, deberían saber defenderse ellos mismos de esas compañías perniciosas y si no, ahí deberíamos estar de nuevo los padres haciéndoselo ver. Ser padre no es fácil, pero merece la pena ser buenos padres.