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domingo, 28 de septiembre de 2014

EL RESCATE

Publicado en el Diario de Cádiz el lunes 29 de Septiembre de 2014

Voy a entrar, de nuevo, en una cuestión delicada y conflictiva sobre la que, desde mi punto de vista, todas las posturas son respetables.

      Hemos visto con horror los vídeos de los terroristas del Estado Islámico decapitando a periodistas, cooperadores voluntarios y, el último por el momento, un ciudadano francés turista en Argelia.

      La policía australiana detuvo a tiempo a terroristas yihadistas que pretendían el asesinato indiscriminado de ciudadanos civiles, con motivo de la reciente reunión en la ciudad australiana de Cairns de los miembros del G-20.

      La amenaza de esta llamada tercera guerra mundial, abarca a países árabes y occidentales, a todos sus ciudadanos, solo condicionado por la oportunidad de los terroristas de realizar el secuestro. Naturalmente cooperantes, periodistas y turistas en países en conflicto o con abundante presencia de yihadistas son presa fácil para estos criminales.

      El secuestro, mediante el pago del correspondiente rescate, tres millones de Euros por persona hasta hace poco y si no ha habido variación, supone uno de los principales fuentes de financiación, junto con el tráfico de drogas y trata de mujeres.

      El dilema se presenta para los gobiernos entre negociar la liberación de sus compatriotas mediante el pago de rescate o asumir la ejecución de las amenazas de los terroristas.

      Visto así, parece que no hay más salida que subvencionar el terrorismo o sufrir la ejecución de sus terribles amenazas, sin embargo, y respetando todas las opiniones y en especial la de los familiares de los secuestrados, la hay: acabar con los terroristas.

      Los servicios de inteligencia, mediante el despliegue en la zona y los medios técnicos, se afanan por la localización de los rehenes y la fijación de objetivos cuya destrucción contribuya a desmantelar a tan terrible enemigo.

      La lucha será larga y costosa, en medios y hombres, pero exige una unidad de criterio y colaboración al máximo de los países afectados. Todos los gobiernos amenazados, sin excepción, deben comprometerse en esta lucha. En esto no puede haber fisuras.     


sábado, 20 de septiembre de 2014

SEPARATISMO: PRAGMATISMO vs SENTIMIENTO



            Nunca Europa reprochará bastante al Primer Ministro Británico, el conservador David Cameron, el tremendo problema creado cuando, hace poco más de año y medio, ofreció a los escoceses la celebración de un referéndum “definitivo” y sin vuelta atrás sobre su independencia del Reino Unido, cuya posibilidad de celebración “de mutuo acuerdo” estaba pactada en el Acta de la Unión firmada hace trescientos años.

          Cameron baso su órdago en las encuestas realizadas en ese momento, en las que solamente el 29 por ciento de los escoceses apoyaba la independencia, mientras, curiosamente, el 41 por ciento de ingleses y galeses pedían esa separación de los escoceses.

          En las fechas próximas a la celebración del referéndum, el jueves 18 de septiembre, estas mismas encuestas daban ya prácticamente un empate y Cameron se arrepintió mil veces de su órdago. Echó entonces toda la carne en el asador, prometió el oro y el moro a los escoceses (mientras ingleses, irlandeses y galeses tomaban nota) y las amenazas del infierno, fuera de la libra, de la Unión Europea y de la Otan, la salida de empresas y bancos y el propio vértigo ante una situación nueva, desconocida, sin el reconocimiento de los países europeos, llevaban a los escoceses independentistas a reconsiderar su postura, pasando de los sentimientos identitarios (en nada amenazados en su actual situación, por más que hayan sido utilizados por los líderes independentistas),  al pragmatismo del abrigo europeo.

          Aquí, en España, la situación de partida no es la misma, ni histórica ni políticamente. No voy a repetir situaciones históricas de sobra conocidas por todos los españoles, por mucho que el adoctrinamiento llevado a cabo en Cataluña durante estos últimos treinta años le haya dado la vuelta como a un calcetín, convirtiendo una guerra de sucesión en otra de secesión, o la exaltación hasta el heroísmo de Rafael Casanova.

          La Constitución Española aprobada en referéndum el 6 de diciembre de 1978 por el 88,54 por ciento de los votantes, no permite la celebración de la consulta que pretenden los independentistas catalanes. La soberanía corresponde a todo el pueblo español, es decir, todos tenemos el “derecho a decidir” que tanto enarbolan los separatistas. La desmembración de una nación centenaria no puede ser decidida por una parte de ella.

          Así las cosas, solo cabrían dos salidas legales a la situación planteada: Un referéndum que convocara a todos los  españoles con derecho a voto, depositarios de la soberanía nacional o bien, una reforma de la Constitución que permita las consultas vinculantes en solo una parte del territorio, reforma que a su vez debe ser aprobada por todos los españoles.

          La “tercera vía” que propugnan los socialistas, en realidad es más de lo mismo  que viene sucediendo en la España de las autonomías desde su constitución: transferencias de competencias en todos los terrenos menos, prácticamente, Defensa y Exteriores. Ni siquiera la transformación en un Estado Federal aportaría más competencias a las comunidades autónomas.    


          Superadas las reformas legales que permitieran la celebración de un referéndum secesionista en todo o en parte del territorio nacional, es decir un referéndum legal, habría que respetar el resultado, como acaba de ocurrir en Escocia, donde el pragmatismo se ha impuesto a las motivaciones emocionales.                         

sábado, 13 de septiembre de 2014

LA JUSTICIA

Publicado en el Diario de Cádiz el sábado 13 de Septiembre de 2014

       Por una semana dejemos el tema catalán, los asesinatos yihadistas del Estado Islámico (en el decimotercer aniversario del 11-S) la corrupción generalizada y tantos graves problemas que nos preocupan, y mucho, porque de su resolución depende en gran medida nuestro futuro como ciudadanos, nuestras vidas, las de nuestros hijos y nietos.

      Un paréntesis para centrarnos, siquiera brevemente, en un problema que afecta directa y gravemente a los españoles: el funcionamiento de nuestra justicia. Ni siquiera las leyes, más o menos acertadas, más o menos defensoras de nuestros derechos, sino su aplicación y la consiguiente ejecución de las sentencias.

      En 1985, los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, suscribieron el llamado “Pacto de Estado para la reforma de la Justicia” que en la práctica solo ha supuesto una descarada politización del Consejo Supremo del Poder Judicial (CSPJ), y del Tribunal Constitucional, pero nada en cuanto a dotar a la Justicia de medios materiales y humanos para una eficaz y rápida aplicación.

La consecuencia inmediata es que cada vez las instrucciones de los procesos judiciales se alargan más en el tiempo, contándose por años el periodo previo a la celebración de juicios, si finalmente estos llegan a celebrarse y no han prescrito los delitos que se pretendían juzgar.

La separación de poderes no existe, la dependencia del poder político es absoluta y, aunque haya jueces independientes, el sistema les condiciona gravemente.


El ciudadano español que por cualquier causa se ve inmerso en un proceso judicial no tiene por menos que recordar la maldición gitana: “Pleitos tengas y los ganes”. Ya solo el proceso, por su lentitud, constituye un adelanto de la condena, sea o no culpable.

Politización, lentitud desesperante, falta de un sistema informático moderno y coordinado, funcionariado suficiente, son algunos de los males endémicos de nuestra justicia, cuyas consecuencias directas y graves afectan a los españoles.



Grave problema que no parece inquietar, al menos suficientemente, a nuestros políticos actuales y pasados. Ni siquiera se lo plantean. Será que les gusta como está.

viernes, 5 de septiembre de 2014

BRITTA Y LOS PATRIOTAS



       Soy consciente de que voy a meterme en un jardín del que será difícil salir indemne, pero pienso que merece la pena el riesgo. Voy a hablar de patriotismo, concretamente del patriotismo de los españoles del Siglo XXI.

        Desde luego hay que contar con que mi punto de vista está muy condicionado por mi vocación de militar profesional y miembro, durante muchos años, del Servicio de Inteligencia, profesionales a los que se nos supone esa característica personal que nos lleva a abrazar una profesión de servicio y defensa de nuestros compatriotas.

        Trataré, no obstante, de ser lo más objetivo que me sea posible, en una cuestión vital para muchos y, al parecer, según algún medio interpreta, sin importancia para la mayoría de españoles.

        Hacía mucho tiempo que Britta no me llamaba, ha estado en Noruega, su patria, según me cuenta. Ha llegado a España y se ha tropezado con una encuesta sobre el patriotismo de los españoles de hoy encargada por el periódico El Mundo, y que destaca en su titular: “Ni siquiera dos de cada diez españoles estaría dispuesto a luchar para defender a España”.

      Me pide opinión, un tanto alarmada, y trato de explicarle lo que creo al respecto. Me hago con la publicación y veo que, una vez más, las preguntas condicionan mucho las respuestas y los titulares son solo una forma de atraer la atención del lector (el que esté libre de culpa…). Veamos el texto: En la España de principios del siglo XXI la mitad de sus ciudadanos (47,1%) no sacrificaría su vida por nada que no fuera su familia. (Es lo mismo pero más sencillamente redactado y sin lugar a confusión)
Solo un 16,3% estaría dispuesto sin titubear a arrimar el hombro para defender al país ante una agresión extranjera y otro 22,4% sería más bien proclive a participar”. 

     Es decir, el 38,7% sería “proclive” a empuñar las armas para defender a su país de una agresión extranjera y el 47,1% si esta agresión supusiera un peligro para su familia. El llamativo titular del 20% se refiere solo a los que irían “sin titubear a arrimar el hombro”. Es decir que de los 46,5 millones de españoles de 2014, de los que el 60% (28 millones) están en edad de participar activamente en la defensa de su país, como mínimo 11 millones estarían dispuestos a “participar”. No está nada mal, la tranquilizo.

      Lo que va de un titular que quiere ser llamativo, casi escandaloso, a una realidad que también conviene matizar, le añado.

        Britta, la misma encuesta nos da las claves, te transcribo algunas frases de los encuestadores y las iremos viendo:
I - "Las carencias en la cultura de seguridad y defensa siguen siendo importantes en todos los estamentos de la sociedad española”.
II - “A la hora de señalar la potencia que más amenaza a España, los encuestados apuntan primero a Marruecos (14,8%), seguido por el Reino Unido (11,4%), a causa, probablemente, de Gibraltar.
Siria figura en tercer lugar (8,4%) seguramente porque el sondeo se efectuó cuando el régimen de Bachar el Asad acababa de ser acusado de utilizar armas químicas. El conflicto que más puede afectar a España (31,5%) es el del Sahel / Magreb”.
III -  “Tres de cada cuatro ciudadanos se sienten aún muy o bastante orgullosos de ser españoles”.
        
         Ya me lo habrás oído y leído en varias ocasiones, los españoles de 2014, en su mayoría, pasan de estas cuestiones de seguridad y defensa. Ni ellos ni sus padres han conocido, afortunadamente, ningún conflicto armado, ni propio ni próximo y ven en la televisión, mientras cenan, lo que está ocurriendo en Ucrania, Siria, Irak, Mali, Egipto, Libia y otros lugares del mundo, como cuando ven la desnutrición de cientos de miles de niños o el atentado de las torres gemelas de Nueva York. Como si estuvieran viendo una película que para nada altera su digestión y mucho menos les mueve a algún tipo de reacción o compromiso.
        
         Britta, naturalmente estoy generalizando y sé que hay en nuestro país muchas personas a las que estas cuestiones les afectan y conmueven, pero sensibilizar hasta el punto de comprometerse o, siquiera, preocuparse, esa es otra cuestión. ¿Cómo va a haber una cultura de seguridad y defensa si nadie siente su necesidad? Nadie se siente amenazado.
         
         Abundando en lo anterior, y para confirmarlo, las respuestas del segundo apartado. Solo la última, la amenaza del conflicto del Sahel/Magreb tiene algún sentido y es real. Aquí sí que parece que mis compatriotas han visto las noticias y no les han dejado tan indiferentes.
         
        Seguramente, los vídeos con las decapitaciones de los dos periodistas americanos, la amenaza a un tercero británico, ejecutadas por un yihadista nacido y criado en Londres y los videos en castellano amenazando con ataques a nuestro país y su “recuperación” en cinco años por parte de estos asesinos, cambiará la percepción de la amenaza de quienes todavía piensan que esta guerra “la tercera guerra mundial”, como ya se ha bautizado, no va con nosotros. 
        
        Llegamos al tercer punto, que te recuerdo: “Tres de cada cuatro ciudadanos se sienten aún muy o bastante orgullosos de ser españoles”. Es decir, considerando solo los adultos, casi 28 millones de españoles se manifiestan orgullosos de serlo.
        
        Britta, esta encuesta que han pretendido escandalosamente negativa, simplemente titulando con uno de los datos parcialmente tomado y  descontextualizado, yo, sinceramente, no la veo tan mal y si 28 millones de compatriotas están orgullosos de serlo, no te quepa duda de que si vieran las noticias del terrorismo yihadista, no como algo que pasa muy lejos, sino como una amenaza real para sus familias y para ellos, te aseguro que los porcentajes serian aun más esperanzadores, sin necesidad de que nuestro equipo de fútbol vuelva aquedar campeón del mundo, que entonces se disparan.