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martes, 28 de agosto de 2012

LA LEY ELECTORAL

 (Publicado en "Cádiz Siglo XXI" en Octubre de 2010. Actualizado al día de la fecha, aunque poco se a avanzado en esta cuestión, por no decir que cada vez se ve más dificil una revisión y actualización de esta Ley. Muchos políticos estan muy cómodos con el actual estado de las cosas.)

No paran los comentaristas políticos, los editorialistas y hasta las cartas al director, en estos días, ya casi metidos en la precampaña electoral de las autonómicas (País Vasco y Galicia el domingo 21 de Octubre), de incidir sobre la necesidad de una reforma de la Ley Electoral.

Lo que en general se achaca a la vigente, es que de nada sirve la voluntad popular expresada en las urnas, cuando esta se desvirtúa con pactos postelectorales, a veces auténticamente contra natura.  

Los partidos políticos mayoritarios, es decir, aquellos de quienes depende cualquier modificación de la Ley, los que deberían modificarla, no lo hacen porque les asegura la alternancia o mejor aun, la permanencia en el poder en la Administración del Estado y en gran número de Autonomías y Ayuntamientos.

 Efectivamente, a ningún partido le interesa la modificación, los grandes porque se aseguran unas cotas de poder considerables, y los nacionalistas porque es a ellos a quienes han de recurrir tanto PSOE como PP, cuando no obtienen mayorías suficientes, lo que convierte a estos partidos regionales en poderosos árbitros de la política nacional.

Como ya esta todo inventado, tenemos ejemplos de leyes electorales muy próximas que pueden servirnos de ejemplo, e incluso podríamos perfeccionar lo que la práctica de años en países de nuestro entorno no ha funcionado suficientemente bien. Sin ir más lejos, en Francia, todas las elecciones se deciden, en caso necesario, en una segunda vuelta, que evitan esos pactos postelectorales contra natura a los que me refería.

No parece que en esos países, donde se celebran dobles vueltas separadas por un corto espacio de tiempo, la abstención sea más significativa que entre nosotros y, sin necesidad de la obligatoriedad del voto (vigente en algunas democracias), la participación es considerablemente superior. Los ciudadanos no se cansan de ir a votar, se cansan de que su voto no sirva para nada y a base de pactos entre partidos se desvirtúen los resultados.

Las limitaciones del número de veces que se puede ser candidato, el número máximo de años en que se puede permanecer en un cargo electo, las listas abiertas y la representación por circunscripciones, incluso las denostadas primarias, son sanísimas prácticas democráticas.

La sociedad civil se rebela contra este afán de perpetuarse en el cargo de nuestros políticos, nace y se desarrolla una desconfianza hacia ellos y, lo que es peor, hacia el sistema. Crece exponencialmente la abstención, la ciudadanía “pasa” de la política sin ser del todo consciente de lo suicida que resulta esta postura, de lo peligroso que es dejar en esas manos, que no nos inspiran confianza, nuestro futuro.

 

Ante la impotencia y la desconfianza, algunos grupos significativos de ciudadanos deciden agruparse, formar colectivos, pequeños partidos. Es la aparición en la política española de los  “Tea Party Movement”, surgidos en Estados Unidos en 2009, y de muy incierta implantación en todo el país, y cuyo éxito vendrá marcado por el grado de rechazo de la sociedad española hacia los dos paridos mayoritarios, hasta ahora, PSOE y PP.

Hay ciudadanos que no se resignan, que no están dispuestos a dar su voto a personas que no logran ganarse su respeto y confianza. Tendría que producirse una reacción de los partidos mayoritarios en el sentido apuntado en este artículo o surgirán como hongos esos “Tea Parties” de “autodefensa ciudadana”. Las nuevas tecnologías de comunicación son herramientas muy apreciables y al alcance de una mayoría. Todo es empezar.

No solamente la socialista Unión Progreso y Democracia (UPyD) de Rosa Diez, o los comunistas de Izquierda Unida (IU), saldrán muy beneficiados del descontento generado y el inmovilismo (respecto a la Ley Electoral) de los partidos mayoritarios, sino la incipiente Sociedad Civil y Democracia, de Mario Conde, o cualquier otro que aparezca, van a tener opciones que hace unos meses parecían imposibles.  Todo gracias al hartazgo de los ciudadanos de los políticos que nos gobiernan o nos han gobernado más recientemente. Algo parecido a lo sucedido en Grecia.

jueves, 23 de agosto de 2012

HAY QUE TERMINAR CON ESTO


(Publicado en el blog "Cádiz Siglo XXI", en agosto de 2010. Aunque han pasado dos años, las mejoras conseguidas apenas son perceptibles, a pesar de las celebraciones del Bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812. Escrito para esta ciudad, pienso que es aplicable a muchas otras ciudades del mundo y de España. La existecia de pequeños grupos de vándalos no es, por desgracia, un fenómeno aislado, pero si otros han podido...¿por qué no nosotros?)


          Los responsables políticos municipales no pueden excusarse ni en la falta de colaboración ciudadana, ni en la escasez de medios materiales o humanos. La carta de presentación de una ciudad trimilenaria no puede ser el estado de suciedad de determinadas zonas, el abandono de parques y jardines o, lo que viene siendo reiterativo, preocupante y absolutamente inadmisible: las pintadas en paredes, monumentos, lugares públicos, incluso, como el caso del espacio entre catedrales o el nuevo mirador del Campo del Sur, donde, antes de ser inaugurados, ya habían sido pasto de esos pocos, pero muy activos vándalos.


          Un país, una ciudad, no pueden llamarse civilizados solo por que hayan alcanzado cotas de bienestar superiores a muchos otros, sino porque sus ciudadanos tienen un comportamiento civilizado, es decir respetuoso con los demás y con sus bienes y mas aun, con los bienes que pertenecen a la comunidad.


          Comentaba en otro artículo en este blog, (Cádiz ¿la ciudad que sonríe?), como me había impactado la limpieza en las calles del Puerto de la Cruz y la respuesta del guía turístico: “Esto se le enseña a nuestros niños desde pequeñitos en los colegios, ha llevado mucho tiempo”. También la más cercana Ronda, es un ejemplo a seguir en cuanto a limpieza y conservación de sus espacios públicos.


          Nadie ha dicho que sea fácil y que no lleve su tiempo, pero cuanto mas se tarde en empezar, mas tardaremos en lograrlo.


          No soy político, pero he tenido responsabilidades empresariales y experiencias directas con la cuestión del orden y la limpieza en espacios comunes, así que se me ocurren algunas cosas que podrían hacerse, medidas a largo y corto plazo.


          De ser responsable político (los consejos son gratis) tomaría las siguientes medidas, de forma inmediata:

-        Iniciaría, el próximo curso escolar, un programa de colaboración Ayuntamiento – Centros de Enseñanza, por el que se impartiera a niños y jóvenes unas elementales nociones de civismo y respeto a lo ajeno.

-        Otro programa con las Asociaciones Vecinales, en el que se establezcan mecanismos de colaboración, delación de infractores, ayudas para la conservación de espacios públicos, implicación directa en el mantenimiento de sus calles y plazas.

-        Aumento considerable de la Vigilancia. Según informaciones periodísticas, los gastos de reparación y reposición del mobiliario urbano, en Cádiz ciudad, supera del 100.000 Euros anuales, un dinero que debería emplearse en prevención.

-        El aumento de la vigilancia y la colaboración ciudadana llevaría a la identificación de ese pequeño grupo de vándalos (seguro que luego presumen de ser mas gaditanos que nadie) a los que aplicar un programa de reeducación, consistente en trabajos para la comunidad en la reparación del mal causado.


Ya digo mas arriba que no es fácil, ni seguramente de resultados inmediatos, pero lo que no se empieza no se acaba. Sin olvidar una exigible mayor eficacia a los servicios de limpieza y una corrección adecuada, con las penas prevista en las ordenanzas municipales, a los infractores.


La policía municipal tiene entre sus cometidos velar por el cumplimiento de estas ordenanzas, pues no estaría de más una campaña intensiva, como las realizadas con los cascos de los motoristas, (hoy todos los motoristas, sin excepción, cubren su cabeza con casco protector. Hace poco tiempo eran minoría los que lo llevaban puesto, y muchos lo llevaban colgado del brazo y solo se protegían el codo), dirigida a erradicar estos incívicos comportamientos.  

sábado, 18 de agosto de 2012

EJEMPLO ¿DE QUÉ?


(Publicado en el Diario de Cádiz, el sábado 18 de Agosto de 2012)


Un alcalde, sindicalista y parlamentario andaluz, acompañado de un escaso número de seguidores, acostumbra a tomarse la justicia por su cuenta y lo mismo ocupan fincas privadas o públicas que asaltan supermercados robando unos carros llenos de alimentos y agrediendo a los empleados.



Ese alcalde/sindicalista/parlamentario no pretende resolver el hambre de sus compatriotas, para eso ya están Caritas y otras organizaciones de la Iglesia o civiles (que no sindicales) y, por supuesto, existe, por si no lo sabe, un organismo llamado Banco de Alimentos que sin necesidad de robar a los supermercados, recibe de estos grandes e importantes cantidades de alimentos, y cuando digo grandes e importantes me refiero a cantidades que realmente alivian el hambre de millones de españoles.



Con actos como el protagonizado por el alcalde/sindicalista/parlamentario, rechazado por el Defensor del Pueblo Andaluz, Banco de Alimentos, Caritas…, no pretende resolver siquiera los problemas alimenticios de un número significativo de españoles, lo que busca son portadas y telediarios en la prensa extranjera, fundamentalmente en la alemana, como: “El pueblo español, hambriento, asalta los  supermercados”, ¿Qué es lo que pretende? ¿De qué quiere ser ejemplo?



No creo que su insensatez le lleve a promover la movilización de los casi seis millones de parados (él no lo es) asaltando los supermercados del país. Sabe de sobra que es un delito (dice renunciar a su condición de aforado, omitiendo que para hacerlo debería renunciar simultáneamente a su escaño), y que la inducción también lo es. Así que este circo mediático no resuelve nada, más bien empeora las cosas, porque la imagen de España que proyecta en el extranjero solo puede traernos consecuencias muy negativas que agraven aun más la ya difícil y complicada salida de la crisis.



Acciones como estas, algunas huelgas salvajes y determinadas declaraciones de políticos, dan justo la imagen que menos conviene a España en estos momentos y que, de seguir así, lograrán que tengamos que ser rescatados/intervenidos por los organismos comunitarios y, cuando eso suceda, todos estos irresponsables sufrirán directamente las consecuencias, quizás entonces se arrepientan del daño causado, pero ya será demasiado tarde.



Hay formas legales de ayudar. ¿Habrá oído hablar del voluntariado?






martes, 14 de agosto de 2012

LEGISLAR EN CALIENTE


(Publicado en "Cádiz Siglo XXI" en Agosto de 2010, hace dos años, y actualizado a la fecha)

        “No hay que legislar en caliente”, latiguillo empleado por nuestros políticos y juristas inmediatamente después de un suceso grave para no hacer nada y justificar ante la opinión pública esa actitud indolente.

         Casos como los producidos este verano en Canarias, y prácticamente toda la geografía nacional, con incendios provocados que han causado víctimas mortales, son circunstancias que se repite con demasiada frecuencia todos los veranos. Unas veces ha sido en Canarias, o Galicia, pero ha pasado antes en Ciudad Real, en Cataluña y otras zonas geográficas españolas. La imprudencia culpable de unos descerebrados y los bastardos intereses económicos de otros, causan daños irreparables en bienes materiales y, lo que es peor, se cobran vidas inocentes de personas voluntarias y de profesionales que tratan de luchar contra el fuego.

           En muy pocas ocasiones transciende a la opinión pública la detención y condena de los autores de estos hechos. Da la impresión, y en gran parte es así, de que los autores no son detenidos y por consiguiente escapan a la acción de la justicia. Las leyes que castigan estas conductas (Artículos 351 y siguientes del Código Penal) prevén penas de diez a veinte años para los casos de perdidas de vidas humanas, pero rara vez se aplican. Los daños materiales, por cuantiosos que sean, incluso en el caso de viviendas, no pasan de los cinco años.


                En otras ocasiones se trata de delitos graves cometidos por menores, incluso con resultado de muerte. Las victimas suelen movilizarse pidiendo el cambio de las leyes, abogando por una mayor dureza y castigos ejemplares para los autores. Lo mismo ha ocurrido cuando el delito cometido por el  menor o menores es de naturaleza sexual.

                La sociedad se indigna, los padres de las victimas son recibidos por el político de turno, para que todos apreciemos lo sensibilizado que esta con estas cuestiones, pero enseguida aparece la consabida coletilla: “No hay que legislar en caliente”…y así hasta la próxima vez.


                 Son tales las garantías procesales con que se contemplan estos y otros delitos, está tan mal visto por la “progresía” el aumento de las penas, que determinados grupos políticos no se atreven a modificar las leyes vigentes y, año tras año, verano tras verano, se repiten similares episodios.

                  No abogamos por el endurecimiento de las penas en el único sentido de la duración del periodo de privación de libertad, pero si en su sentido, constitucionalmente contemplado, de reinserción social del delincuente. Y si esa finalidad de las penas tienen sentido, lo es precisamente en los mas jóvenes, a los que habría que someter a un sistema de reeducación (o simplemente educación, si nunca tuvieron oportunidad  de recibirla) en un severo régimen disciplinario y con servicios específicos a la sociedad a la que han dañado.


                 Hay países, tan democráticos o más que nosotros, donde se revisan periódicamente las penas de privación de libertad (por largas que sean) en función del grado de arrepentimiento y reinserción social alcanzada, asegurándose, hasta donde la prudencia lo permite, de la no reincidencia.

                ¿Qué fue de aquel “Pacto por la Justicia” firmado entre PP y PSOE el 31 de mayo de 2001? Nada más y nada menos.

miércoles, 8 de agosto de 2012

LA BANDERA

(Publicado en "Cádiz Siglo XXI", en Agosto de 2010, hace justamente dos años. Actualizado a fecha de hoy)

            Un buen amigo, votante de izquierdas de toda la vida, aunque creo que no milita en ningún partido político, me llama por teléfono para vernos, y me advierte: “No he cambiado nada mis ideas”.

             La advertencia viene a cuento porque algunos amigos mayores que él, le decíamos amistosamente que, cumplidos los cuarenta, pasaría de las utopías de izquierda que él defiende, a un realismo más de nuestro tiempo, más pegado a la situación actual.

             Seguimos hablando y me comenta: “Gracias al equipo de futbol, y otros éxitos deportivos destacados, los españoles hemos recuperado nuestra bandera”.

               “Querido amigo, le respondo, te recuerdo que el Sábado Santo Rojo, aquel de 9 de abril de 1977, en que fue legalizado el Partido Comunista de España, sus militantes salieron por Madrid en coches enarbolando la bandera española y haciendo sonar el claxon”.

               Quiero decir con esto, que esa bandera “recuperada” ha sido y es la bandera que nos representa a todos los españoles, aprobada, incluido el escudo, el 5 de octubre de 1981 y sus colores figuran en el articulado de la Constitución de diciembre de 1978.

               Pero voy mas lejos, la rojigualda, ha sido nuestra enseña nacional, nada menos que desde 1785, solo interrumpido durante la II República, esto es de 1931 a 1936 (o 1939 considerando la vigencia de la Republica en media España). Incluso mantuvo sus dos colores durante los dos años 1873 – 74, es decir, también fue la bandera de la I Republica.

              Decir que gracias al equipo de futbol, los españoles hemos recuperado nuestra bandera, me parece, cuando menos, una autentica frivolidad. Nunca la hemos perdido. Desde 1785, con excepción de la II República, la rojigualda ha sido y es nuestra bandera. Quien considere que la ha perdido y ahora recuperado, que se analice a si mismo, el problema lo tiene él.

               Desde hace algún tiempo, no demasiado, en las manifestaciones sindicales y aquellas en las que los partidos de izquierdas son los convocantes, es difícil ver una bandera española constitucional, y si abundancia de banderas del sindicato, de la comunidad autónoma o incluso alguna perteneciente a la II República, pero, ya digo la que nos representa a todos los españoles brilla por su ausencia.

             Nadie, que yo sepa, ha prohibido a estos manifestantes el uso de su bandera, sin embargo, ellos sabrán por qué, han decidido prescindir de lo que les es propio y legitimo y sustituirlo por otros símbolos, igualmente propios y legítimos (con excepciones puntuales en cuanto a la legalidad), pero cuya representatividad es mucho mas limitada.

              Ocurren los felicísimos acontecimientos del Campeonato del Mundo y las Eurocopas de fútbol y el entusiasmo popular se desborda llegando a cotas nunca vistas y, curiosamente, las celebraciones son, de forma casi absoluta, enarbolando la bandera nacional, incluidas zonas geográficas españolas donde, habitualmente, solo ondean las banderas españolas en edificios oficiales y no sin dificultades.

             Jóvenes, mayores, niños, toda España se pintan los colores, se visten la camiseta y pasean la bandera. El entusiasmo por nuestros colores representativos se contagia con enorme fluidez y los que por absurdos prejuicios no se atrevían, pierden sus temores y recuperan lo que nunca nadie les había quitado y ha seguido y sigue siendo suyo.

              Otro amigo, más recientemente, me aborda por la calle para comentarme:”Acabo de llegar de Francia. Da sana envidia ver la abundancia, el cuidado y respeto con que tratan a su bandera. Entras en España y, hasta las banderas en edificios oficiales están descuidadas, descoloridas…parece que nadie se ocupa de mantenerlas en perfecto estado”.

               No siempre es así, pero si es verdad que, muchas veces, parece que el “negociado de banderas” se encuentra vacante.

               Por una u otras razones, deportivas o de otra índole, cada día con más frecuencia se ven nuestros colores en balcones, pulseras, relojes…, lo que en muchos países es sencillamente normal, empieza a serlo en el nuestro. Es una forma de identificarse con el país, sus ciudadanos, su historia (como todas con claroscuros) y lo que representa, sin ningún significado partidista, es de todos y a nadie pertenece en exclusiva. No nos la dejemos arrebatar.

           

sábado, 4 de agosto de 2012

BRITA Y EL SENADO

(Diario de Cádiz, sabado 5 de Agosto de 2012)


He conocido al “observador imparcial” (“No es país para cuerdos” y “Rafa Nadal”). Es nórdica, inteligente y está trabajado en una Tesis sobre nosotros, los españoles del siglo XXI y, aunque yo soy más del XX, me he ofrecido a ayudar en su trabajo. Su nombre es Brita.


          Le proporcioné un libro recién editado: “La Casta Autonómica”, de los periodistas Sandra Mir y Gabriel Cruz, que lleva por subtítulo, “La delirante España de los chiringuitos locales”. Todo un tratado de las peculiaridades que adornan a nuestra clase política y de lo que han sido capaces de hacer en solo treinta años. ¡Increíble!


           Si no hubiera sobrevenido esta tremenda crisis económica, moral, y de valores, quizás nunca se hubieran conocido tantos desmanes, pero, algo bueno tenía que traernos tanto sufrimiento.


          Brita me pregunta por nuestra “Cámara de segunda lectura”, o “Cámara territorial”, o no se sabe muy bien qué… no entiende como el Senado español tiene 266 senadores, cuando el de los USA, con más de 300 millones de habitantes, sus cincuenta estados solo están representados por 100, o los 15 estados alemanes tan solo cuentan con 69. No cree que tantos excesos de personal o de gasto justifiquen la pervivencia de un organismo del que no se conoce un solo resultado legislativo en treinta años.


          No sé que decirle, me temo que pregunte a continuación por las Diputaciones Provinciales, los 3.000 minúsculos Ayuntamientos, o por qué hay políticos con retiros dorados, dobles o triples sueldos, duplicidades administrativas…, o lo que es peor, igual se le ocurre que le explique el funcionamiento de nuestro “Estado Autonómico”, y me arrepiento de haberme ofrecido a ayudarle. ¿Quién puede responder coherentemente a ese tipo de preguntas?


          Medito mi respuesta, pero no se me ocurre nada. Como millones de españoles no veo la lógica de esta sinrazón y, por fin, rompo el incómodo silencio para explicarle que, lo peor de todo no son esas situaciones tan incomprensibles para una mente lógica, lo peor es que los llamados a poner remedio, los políticos, no están por la labor, no hacen nada al respecto (o solo gestos mínimos y aislados). Se trata de una auténtica reforma política del Estado y nadie se atreve a asumir tanta responsabilidad. Haría falta un amplio consenso y el valor de someterlo a referéndum. De momento ni se lo plantean.